Ataque a la joven Democracia tunecina

Lucía Ferreiro Prado*

Los atentados de Túnez tienen consternados a propios y extranjeros. Para los tunecinos, un pueblo pacífico y poco dado a la violencia, el acto terrorista de ayer ha causado un impacto psicológico similar al que el 11-M tuvo sobre los españoles. Están consternados decía un abogado de la capital a este periódico. En Europa la tragedia humana pesa porque se trata de muertos propios. Siempre parece que las muertes cuando son “nuestras” llaman más la atención. De ahí, el interés por los vecinos del sur.

 


Sin embargo, el análisis de la situación debe ir más allá de la tragedia humana y centrarse en el impacto político que dichos acontecimientos pueden tener sobre la joven democracia tunecina. Es un lugar común señalar a Túnez como ejemplo de revolución exitosa y dar por hecho que la democracia es un logro que no tiene vuelta atrás. Se señalan para ello virtudes propias del país entre las que destaca su larga tradición reformista, la sociedad de clases medias que compone el país y la voluntad política de una sociedad formada por islamistas y modernistas de construir un régimen democrático. Qué duda cabe que los tunecinos lo han logrado. Prueba de ello es que, en enero de 2014, aprobaron la Constitución actualmente vigente y parece que, con ello, se dio el proceso transicional por concluido. Craso error, creo yo.
Poco se habla desde Europa de la persistente situación de estancamiento económico y de la sensación de inseguridad que desde la caída del régimen de Ben Ali acecha la conciencia de los tunecinos. Un constante estado de alerta donde el sector modernista teme a los islamists de Enhada y estos últimos creen que los logros democráticos puedan cualquier día volver a los tiempos de Ben Ali. Y con ello, la represión y la vuelta a la cárcel por motivos políticos. La situación es por lo tanto, de estancamiento económico, desconfianza política y, además, hartazgo con la situación política. De la euforía posrevolucionaria se ha pasado a una apatía generalizada por los temas políticos. Sin duda, los tunecinos son bastante más conscientes de la fragilidad de su recién logrado sistema democrático que la mayor parte de observadores europeos. Democracia que todavía está en su primera infancia y puede fácilmente estallar por los aires. Frente al optimismo generalizado respecto a Túnez, creo sinceramente, que el análisis sociopolítico del país que hacen los terroristas es muy distinto. Piensan que la debilidad de Túnez se puede dinamitar fácilmente y que un poco de terror es capaz de acabar con el legado de los últimos cuatro años. Muy cerca estuvieron tras los asesinatos políticos de Choukri Belaid y Mohammed Brahmi en 2013.
Los tunecinos tienen, ahora, la enorme responsabilidad de evitar que las profecías de los islamistas radicales se conviertan en realidades auto-cumplidas.

Lucía Fereiro Prado es Doctora en relaciones internacionales y experta en Tunez.

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