Brasil, 15M de Março ¿O día dos coxinhas?

Heithor Beira

El pasado domingo 15 de marzo Brasil asistió a una de las mayores movilizaciones que ha tenido en los últimos años cuando al menos un millón de personas salió a las calles en sus principales ciudades para protestar contra el gobierno del Partido de los Trabajadores. Siendo las reivindicaciones más chocantes las que reclamaban el impeachment a la presidenta reelecta, Dilma Roussef, más privatizaciones o incluso la intervención militar.
¿Qué ha llevado a un millón de personas según los principales medios del país a la calle?. ¿Realmente la población está cansada de esta Democracia o sólo del gobierno petista?
Para tratar de explicar la situación hay que tomar en consideración varias cosas.
Para comenzar, el país está en crisis, ya han pasado los tiempos de superávit en la balanza comercial que llevaron a al Brasil a inaugurar los “BRICS” y ahora los ajustes económicos que requiere la ortodoxia neoliberal se notan en la población, incluso en las “clases medias”.

A tales ajustes hay que sumarle el escándalo de corrupción Lava-Jato que afecta a la empresa de hidrocarburos (semipública) Petrobrás que habría concedido suculentos negocios a las principales empresas del país a cambio de donaciones millonarias a los principales partidos de ámbito federal y estadual para financiar sus campañas electorales. Este caso lleva más de un año siendo investigado y se destapó gracias a las declaraciones de un personaje adscrito a dicha trama que delató todo a cambio de beneficios penitenciarios (un caso Bárcenas a la brasileira).Hay que destacar lo mediático de las detenciones pues no sólo afectan a políticos sino también a grandes ejecutivos de tales empresas. De hecho, tal caso ya movilizó hace un año a la población de unas seis grandes ciudades.
Lejos quedan ya las multitudinarias protestas por el Passe Livre( 2013) o las movilizaciones contra el Mundial el año pasado y que eran protagonizadas fundamentalmente por jóvenes de diferentes estratos sociales que se quejaban de las multimillonarias inversiones en el Fútbol en tanto que los Servicios Públicos como el Transporte no paraban de encarecerse, además de los costes de las grandes obras para acondicionar el país a tal megaevento que conllevaban los desahucios violentos en las comunidades populares sin contrapartidas habitacionales para sus moradores más allá de una ocupación policial-militar.

 

15M en Brasil
15M en Brasil

Hay que ir hasta las elecciones para explicar la polarización actual, que no es novedosa en Brasil, pero sí su visibilidad. De hecho, los partidos principales hicieron una campaña muy ideologizada, a diferencia de otras citas electorales, para poder diferenciarse de los otros partidos pues en lo económico tenían propuestas similares, si bien las del partido de la Socialdemocracia eran marcadamente mucho más neoliberales.
Vale la pena detenerse brevemente en explicar el sistema electoral brasileño, y es que a diferencia de España allá no se vota una lista plancha, cerrada y bloqueada sino que el elector vota a las personas que se presentan al puesto representativo que sea (presidente, gobernador de un Estado, alcalde, senador, congresista e incluso concejal) y los candidatos pueden estar en un partido o en otro, e incluso cambiar de coalición según les convenga. Obviamente tendrán más posibilidades de ser elegido aquellos candidatos que tengan el apoyo de un gran partido (PT, PMDB,PSDB, etc.) y sobre todo medios económicos para financiarse su campaña. Como en Estados Unidos, se admiten donaciones privadas para ello, de ahí que resulte sospechoso que las grandes empresas implicadas en el escándalo de Petrobrás sean beneficiarias de las grandes obras financiadas por el Estadão.
Este sistema electoral, hace difícil que un solo partido tenga la mayoría absoluta en el Poder Legislativo ( bicameral) , y si a ello le añadimos la composición federal del país, explica bastante esas alianzas “contra natura” que resultan después de cada elección. Sobre todo la composición del actual gobierno donde Dilma Roussef no cuenta con muchos compañeros de partido en el Consejo de Ministros.

Y ahora vamos al quid que puede explicar no tanto las protestas del 15 de marzo sino el odio que había en muchas de sus consignas, donde se clamaba contra las políticas públicas destinadas a la integración de los más pobres, se pedían más privatizaciones, se tildaba de comunista al gobierno(o más concretamente al PT) a pesar de estar salpicados por el caso Lava-Jato miembros destacados de otros partidos.

Tales protestas son fruto de la polarización que ha provocado la campaña electoral del último año, que al parecer no ha finalizado con la celebración de las elecciones sino que ante lo ajustado de los resultados un 3% de diferencia entre Dilma Rousseff y Aecio Neves y sobre todo la posibilidad de cambio en el gobierno después de 20 años de PT muchos veían y por tanto consideran que ha habido un fraude, o que ganó de nuevo el partido de los Trabajadores comprando a sus electores con las ayudas sociales.

Estas consignas no chocarían tanto si consideramos que los principales promotores de la movilización son grupos o personajes que reclaman la intervención militar, jóvenes universitarios liberales que reclaman más privatizaciones y el fin de las ayudas públicas, los administradores( y seguidores) de un grupo de facebook muy activo y viral y por supuesto un grupo de empresarios críticos con la corrupción pero sobre todo con la política económica del gobierno que no les parece lo suficientemente liberal. De ahí que el perfil mayoritario de los manifestantes del 15 de marzo fuesen personas jóvenes, blancas, con estudios universitarios y con trabajos formales y especializados tildados de “coxinhas”( pijos) por quienes rechazan tal movilización. Por supuesto, tal movilización fue un éxito, debido a que contaba con el apoyo de los principales grupos mediáticos como la Red Globo, dueña de casi todos los medios del país.

Veremos en las próximas semanas y meses en qué termina el escándalo Lava-Jato que está dejando pequeño al famoso Mensalão y que amenaza a la coalición de gobierno. De hecho sería más probable una ruptura de la coalición gubernamental que conllevase unas elecciones anticipadas que una intervención militar o un impeachment, pues los militares no parecen estar a disgusto con la situación actual ni se dan las condiciones legales para que el Congreso destituya a la presidenta.

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