Los refugiados, el reto de nuestros tiempos

Sara El Ouazzani.

Cuando se pensó que el hombre ya bautizado como un ser civilizado, después de vivir o conocer los horrores de las Grandes Guerras del siglo XX, la globalización le enseña que todavía está lejos de la paz que esperaba y prometía, que los conflictos (de todo tipo) no sólo han aumentado, sino que se han diversificado y extendido por las distintas localidades del mundo. Frustración es lo que siente al darse cuenta de que hay todo una mercado de conflictos en el que tienes la opción de participar, de abstenerte o de oponerte a él. Todo tiene un precio, una posición política (y consiguientemente económica, social, cultural) que sitúa en un campo de actuación en el que, por supuesto, se debe actuar. Los países eligen lo que les interesa: unirse al fuerte para estar protegidos, abstenerse o oponerse y establecer su propio mercado, sus propias pautas, es decir, otro bloque paralelo y opuesto a los otros.
La globalización es la madre de estas complejidades políticas, económicas y sociales. La nueva geografía política que está emergiendo, a la vez que crea diversidad de modos y enfoques, establece nuevos retos para las formas tradicionales de acción, es decir, para ordenar los ‘desórdenes’ insurgentes.

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Campo de redufiados sirios

Uno de los conflictos actuales que demuestra este reto es que muchas personas se están viendo obligadas a desplazarse por razones de guerra, violencia y conflictos. Las cifras son desoladoras, ocho personas abandonan un lugar cada minuto por estas causas. El número de refugiados en el año 2013 superaba los 50 millones, según informa la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR.
Se mire hacia donde se mire en el mapa, se abre un documento que hace referencia a conflictos políticos, sociales, raciales, culturales, religiosos, ambientales, etc., en el que puede que colapsen varios de ellos. En el este de Europa, Ucrania sufre enfrentamientos entre unos que quieren acercarse a Europa y su modelo, y otros, en los que Rusia ve una oportunidad de retomar y poner de su lado, como en los viejos tiempos (de la URSS). En la zona norte de Sudamérica, los gobernantes comunistas y socialistas siguen adquiriendo poder e independizándose de su vecino del norte, Estados Unidos. Brasil se sobresale su etiqueta tradicional de país subdesarrollado y se convierte en uno de los que más crecen, aunque esto le cuesta explotar a gran parte de su población.
En África, los problemas del hambre, las enfermedades y la pobreza es una triste saga que continúa acompañándonos, y como ha demostrado el Ébola, estamos acostumbrados a ella y no nos importa su malestar, solo sus recursos naturales; además hay que sumarle los problemas étnicos y religiosos que padecen sus diferentes identidades y etnias, como en el caso de Sudán.
Los países árabes, que iniciaron una primavera para derrocar a los dictadores que les oprimían, fueron hundidos y fracasados en un retorno al antiguo sistema como el caso de Egipto o Yemen, otros cayeron en la ausencia de gobernabilidad y desorden (Libia) y otros siguen luchando por establecer esa “primavera”, como Siria. Dictaduras encubiertas en países en los que parece que no ha pasado nada, como Marruecos y Argelia; un islamismo creciente que Occidente y que las posiciones ateas árabes no permiten gobernar, por pacíficas que sean; masacres continuas en Gaza; guerras en Siria e Irak; un supuesto terrorismo islámico, renovado, que va ganando territorios y poder en zonas tan complejas como Irak y Siria, donde hay población suní, chií, cristiana, kurda… es decir, diversa, pero compleja y en guerra; y una gran cantidad de campos de refugiados que se extienden en las fronteras de los países vecinos.
El caso de Siria es el más trágico  actualmente, ya que concentra varios conflictos de los que se ha citado: guerra, violencia, terrorismo, diferencias étnicas, culturales y religiosas. Una guerra tridimensional (o probablemente de más dimensiones) iniciada durante la Primavera en la que actúa el gobierno represor de Al Asad, por una parte, apoyado por Rusia y el chiismo; por otra parte actores políticos opositores, con una funcionalidad incierta y aparentemente poco efectiva; ‘los rebeldes’, organizaciones irregulares opositoras y armadas, como el Frente de los Revolucionarios de Siria, el Ejército Libre Sirio, (surgido del propio ejército sirio); el Frente Islámico, compuesto por siete grupos islamistas para formar un frente común, que rechaza la democracia representativa, pero también el autoritarismo, y pretende hacer un estado islámico; también la Coalición Nacional Siria (o Coalición Nacional para las Fuerzas de la Oposición y la Revolución Siria), que incluye musulmanes y cristianos que buscan métodos más pacíficos. La tercera dimensión es la que incluye los grupos terroristas, como ISIS (Estado Islámico, en sus siglas en inglés), de orientación suní, o Frente Al Nusra.
Los tres actores principales se enfrentan en territorios civiles, conquistando ciudades, mientras el balance de civiles muertos supera los 100.000 y el número de refugiados se va incrementando.
El total mundial de los desplazados en 2013 llegan a los 51,2 millones, 33,3 millones de ellos son internos. Una media diaria de 32.200 personas abandonó su hogar en busca de protección en otro lugar. Los países en desarrollo son los mayores acogedores de refugiados, el 86% del total mundial. Los principales países de acogida son Pakistán, Irán, Líbano, Jordania y Turquía. Pakistán es el mayor receptor de refugiados, pero Líbano aborda el mayor número de acogida de refugiados en relación a su población nacional (1 de cada 5 habitantes).
Este año se presentaron 25.300 solicitudes por menores no acompañados o separados, la mayoría de ellos afganos, sursudaneses y somalíes. El 50% del total de la población refugiada en 2013 son menores de 18 años.
Más de la mitad de los refugiados provienen de Afganistán, Siria (2,47 millones) y Somalia. Según ACNUR (UNHCR por sus siglas en inglés), los compromisos para acoger a refugiados sirios es de 21.101 personas alrededor del mundo (130 en España), más otros más de 13.500 en Estados Unidos. Siria ha pasado de ser un país acogedor a ser uno de los que más población está enviando al asilo según Ana López Fontal, experta del Consejo Europeo de Refugiados y Exiliados (ECRE por sus siglas en inglés).
Siria se encuentra en una situación difícil de entender y solucionar, ya que pertenece a Oriente Medio, una región, como ya se ha dicho, inestable, en la que desde Occidente no se acepta la compatitibilidad de que los países musulmanes puedan ser democráticos. Su pasado colonial y presente dictatorial por parte de sus gobernantes les mantiene retenidos en retraso de la conquista de sus derechos. El terrorismo, un tema presente y dirigido que no abandona la actualidad. Grandes brechas entre las diferentes ideologías presentes (laicos, islamismo político en sus distintas interpretaciones).
Actualmente vivimos en un mundo multipolar e interdependiente. Los nuevos actores globales (que ya no se centran en Europa, sino que se extienden a Asia, y que traspasan el ámbito político) y grandes conjuntos geopolíticos ─ya no existe el modelo bipolar, nuevos países emergentes, centro de gravedad especialmente en Asia y el posible retorno de Rusia como potencia─ en una nueva era llena de cambios políticos, sociales, económicos, culturales, todo ello a escala global, pero que afecta a cada lugar distintamente, según el contexto en el que se desarrolla. Existe una gran interdependencia entre los países (su progreso, mejora del bienestar social) y los procesos que experimentan. Hay una necesidad de reforzar los mecanismos de cooperación intergubernamental a escala global y regional, porque las brechas entre unos y otros, y la disputa por los recursos es clave.
La geografía de los conflictos es compleja, y los factores económicos, estratégicos, culturales, religiosos… condicionan el panorama. Siguen habiendo guerras civiles y choque de culturas, conflictos armados. El reparto del poder y de la coacción en Siria, el control de recursos por parte de un estado dictatorial pero frágil, ya que se ha producido una captura del estado, son un claro ejemplo de estas complejidades.
En este contexto, la democracia aún no tiene lugar. La inestabilidad del país crea una situación crítica. Los nacionalismos, fundamentalismos e identidades territoriales que, en la globalización tienen su vía de incremento, pueden ser positivos o pueden crear conflicto entre las culturas mayoritarias, las minoritarias, dificultar su relación.
Además, la manipulación de la información y la falta de acceso a fuentes fiables y estables empeoran la situación y la población mundial se siente perpleja sin entender lo que pasa en aquel país lejano del que conocían su valor histórico y turístico, pero no la realidad que han vivido sus ciudadanos.
La globalización tiene aspectos muy positivos para la sociedad, pero el reto actual de las sociedades, tanto desarrolladas, como subdesarrolladas como las que están en vías de desarrollo, es saber dominar sus imperfecciones.

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