Podemos, del macho alfa a la madre patria

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Carolo Valdivia.

Del campo de batalla a la negociación en la sala del trono,  escenarios interdependientes y secuenciales que pueden ir alterándose y deben manejarse con inteligencia. Estuvo por primera vez en la Sexta Noche, el referente del debate político en este país, pudimos ver a una representante relacionada con Podemos (pues participa en el partido instrumental de Ahora Madrid en una de sus listas) enfundar la espada y abrir una mano izquierda jamás vista por los legionarios mediáticos que luchaban contra la casta, situándose en una posición de referencia en cuanto a la gobernabilidad y al consenso social se refiere.

Manuela Carmena recoge el testigo del embiste de un macho alfa (Pablo Iglesias) que abrió un hueco en el centro de la manada política y mediática de este país, liderando unas demandas en una “lucha contra todo” que le ha otorgado los vítores de la batalla, pero no se ha ganado la licencia de participar en la sosegada y poderosa sala del trono.

En las salas del trono, al menos en cada una de los castillos de la Unión Europea, las guillotinas y demás usos revolucionarios han sido suplantados por la capacidad de reconvertir escenarios, y una vez superada la batalla por la existencia en el panorama mediático y político (que son casi equivalentes), una contienda perfectamente llevada a cabo por Pablo Iglesias, se traslada el relevo, al menos en la ciudad de Madrid, un bastión simbólico y material, a Manuela Carmena, quien fue capaz de convertir a Inda en un niño que pecaba de exagerado al seguir acusando a Monedero de corrupto, o hablar de sus contrincantes electorales como compañeros, pues los embistes ya no son suficientes, y el cielo parece tomarse por consenso y no por asalto.

Un consenso social en el que Carmena se movió con la fluidez de quien tiene una razón intrínseca incuestionable, capaz de reconfigurar los “escraches” (llegados a ser equiparados como prácticas similares al nazismo por Dolores de Cospedal) a una de las bases de la nueva forma de hacer política, dado que “gobernar es escuchar” dijo Carmena citando a la escritora francesa Yourcenar, metamorfoseando lo radical en consenso social como solo una reina de la sala del trono puede hacer.

Pero hasta en la diplomacia del consenso se precisa de un adversario que pueda amenazar dicho acuerdo social. El posible exceso de empatía que mostró Carmena hacia todo el espectro político sin generar oposición podría perderla en la ambivalencia de todo y nada, pero fue aquí donde el trabajo de la contienda previa le permitió que la idea subliminal de la casta sobrevolará sin la necesidad de la mención, un adversario que además queda totalmente estigmatizado al no participar en tan amplio y heterogéneo consenso propuesto por la posible candidata a la alcaldía Madrileña. Ese consenso queda quebrado por la corrupción, consecuencia de “una estructura que genera el problema” señalaba Carmena. Dicha estructura acompaña al resto de partidos que en cualquier momento pueden quedar fuera de una reformulación del consenso en el que pocas fuerzas políticas podrían tener cabida,  y mucho menos liderar, generando una casta implícita sin conflictos y por deducción, sin la necesidad de señalar a nadie.

Hemos asistido al posible inicio de una nueva etapa, donde las estrategias mediáticas de las nuevas fuerzas políticas que todavía no han repartido panes en institución alguna, deben transmitir la capacidad de gobernar en la calma política del cambio que solo un pacto social puede lograr. En su momento la embestida del macho alfa consiguió liderar una carrera, en la que la ciudadanía de este país tomó carrerilla pero sin jinete que asumiese las riendas de la cabalgada hacia el centro del tablero, pero una vez allí se necesita establecer la dicotomía entre lo fundamental y lo rechazable, entre la casta y la madre patria, arquetipo que Carmena domina y representa con los arremetes precisos dentro de la sala del trono.

 

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