Islam: Ojalá lo hubiera escuchado antes

Hajar Samadi. País Vasco

 

Hace un par de días un grupo de musulmanes y musulmanas participamos en una conferencia bajo el título: “el Islam en Europa ¿podemos convivir?”, organizada por la recién constituida coordinadora de asociaciones magrebíes, en Vitoria-Gasteiz, capital de Euskadi. El aforo donde se celebró la conferencia se llenó tanto de gente que muchas personas se tuvieron que quedar fuera. Y eso que el mismo día en Vitoria hubo otras actividades paralelas. Sin embargo ello no nos debería sorprender ya que la gente quiere saber la verdad de lo que es el Islam. A pesar de ser año electoral y a pesar de todos los esfuerzos y dinero público derrochado en campañas xenófobas o “morófobas” por ciertos sectores políticos con muy poco sentido de la vergüenza ajena, cuando llamamos a la gente a saber del Islam, acude.  (Lo siento por los islamófobos)

Acude porque quieren conocer perspectivas alternativas. Acude, y con tan sólo dos horas bien aprovechadas, de forma voluntaria, sencilla, con respeto y humildad, para formular reflexiones de este tipo:

“Si esto es el Islam, ¡ojala lo hubiéramos sabido antes!”. Y esta otra frase: “si esto es Islam, ¿porque no lo explicáis a la gente en la calle?”  Los señores de una edad avanzada formulaban estas preguntas sencillas desde una lógica aplastante, ya que pues vivimos en tiempos de confusión, y es normal que la gente se confunda, por un lado quienes practicamos el Islam hablamos y transmitimos la esencia del mismo y por otro lado las pantallas nos llenan imágenes, series, películas y discursos (desvirtuando y corrompiendo la esencia del Islam) transmitiendo a la sociedad un “Islam-mal-contado” y que, además, es mucho más difundido por intereses geoestratégicos.

A mí me gustaría transmitir a la sociedad que los musulmanes y musulmanas tenemos una gran responsabilidad de dar a conocer el Islam en su totalidad y no parcialmente, pues, a veces, sólo hacemos visible la parte religiosa-ritual (y más externa) del Islam, como la “mezquita” el “rezar” o el “ayunar”), por eso muchas veces no nos entienden. Debemos de entender primero el Islam en su conjunto (en su plena cosmovisión) y transmitirlo en su esencia, no sólo hablando, sino practicándolo en nuestros entornos a través de nuestra actitud, de nuestro trabajo y de lo que podamos aportar al bien común. Una vez practicado, digerido, interiorizado tenemos que explicarlo desde el corazón, con sencillez; con nuestras palabras y en la lengua del resto de la sociedad. Tal como fue revelado a lo largo de la humanidad a través de distintos mensajeros y profetas compartidos también por otras religiones monoteístas. A las personas creyentes de otras religiones, debemos transmitirles que David, Salomón, Jesús, María, Moisés, Noé, Abraham, etc…, son seres ejemplares y mencionados en el Corán como ejemplo para alcanzar la excelencia humana, tan amados como lo fue el último profeta y sello de la profecía: el profeta Muhammad, la paz sea con todos ellos. ¿Cómo va a ser una “religión” que se quiere imponer, siendo que reconoce y dialoga con otras religiones? ¿Cómo no va a ser posible la convivencia con musulmanes cuando el Corán ordena la convivencia entre los distintos grupos y etnias? Quienes nos reconocemos como musulmanes, creemos en Allah como creador de todo lo que existe, es decir, el creador de los seres humanos, como dice el Corán: “para que os conozcáis los unos a los otros”

Lo sagrado en el Islam es el ser humano; todo gira en torno a él. El Islam es un sistema ético-moral-global que abarca todas las dimensiones de la vida del ser humano. El Islam fue enviado a través de las personas más excelentes, los profetas, para entregarle al ser humano la llave de la felicidad. Dios en su misericordia, ha creado al ser humano y le ha enseñado el camino de su felicidad y le ha enseñado también el camino del mal, para que pueda evitarlo. Y además le ha dado la libertad de elegir qué hacer con su vida. Pero, también, le ha dado inteligencia y deseos naturales para inclinarse por el camino de la naturaleza innata, del equilibrio, de la moderación, del término medio, de la firmeza.

El ser humano es cuerpo (materia), es espíritu, es intelecto y es emoción. La columna vertebral del Islam se podría decir que es la adoración a una divinidad única, suprema y soberana. Una divinidad creadora y no creada (ni estatuas, ni hombres barbudos encima de una nube – como han imaginado algunos – ni dioses imaginarios, ni “mahomas” dibujados, ni amuletos). La divinidad no puede ser concebida ya que la condición humana nos limita. Pero conectamos con ella y lo sentimos. El Islam enseña a conectar con la divinidad a través de la purificación y liberación de todo el “mal” que vamos acumulando en nuestras almas, ya que nacemos puros. Es una vuelta a nuestro ser más puro. Ese ser que nació puro del vientre de su madre y que a la hora de abandonar este mundo debe hacerlo en el mismo estado para ser merecedor de una felicidad eterna. Sólo a través de un corazón sano, purificado, dúctil, misericordioso, amoroso, tierno, podemos llegar a conectar con El misericordioso, El amoroso, con Allah (Dios, God, Jainkoa).

A las personas no creyentes, debemos decirles que el Islam es una oportunidad para todo ser humano que busca la felicidad, ya sea por un camino u otro. Eso es innegable. El Islam ofrece pautas para mantener el equilibrio no sólo como seres humanos individuales, sino también en nuestras relaciones con todo lo demás, ya sean otros grupos humanos, la naturaleza, los animales, las plantas y el universo. El equilibrio es alimentar el cuerpo de acuerdo a sus necesidades alimenticias, fisiológicas, higiene, sueño, descanso, trabajo, etc., de la manera más sana. De ahí la prohibición de todo lo tóxico e insano: las drogas, el cerdo, los animales carnívoros, lo mortecino, el adulterio, la fornicación, los juegos de azar, el vicio, la pornografía,… E instándonos a que alimentemos nuestro cuerpo que es sagrado con todo lo sano: escuchando lo sano, comiendo lo sano, hablando de lo sano. Es decir, nuestra salud física debe ser cuidada en su totalidad.

¿Y las emociones?  En una sociedad donde nos hemos olvidado de nuestras emociones, el Islam nos anima a alimentar nuestras emociones de manera diaria, si sabemos beber el Amor divino estamos preparados para amar y ser amados, amadas. Necesitamos escuchar nuestros sentimientos, y darles una respuesta. Dios nos ha creado con unas emociones y nos ha dado las pautas para proteger nuestras emociones, mimarlas y canalizarlas. El Islam nos anima a evitar ser seres secos y rudos.

Nuestro intelecto debe ser cuidado y alimentado con la sabiduría de manera continua. “¡Lee!” fue la primera palabra revelada en el sagrado Corán. “¡Lee!” nos enseñan desde la infancia en las escuelas, para cultivar nuestras mentes y alimentar nuestro intelecto. Pero no debemos de perder de vista, que el conocimiento debe estar en armonía con nuestras emociones. No olvidemos que por muchos conocimientos que tengamos del Islam y del Corán, si esos conocimientos, ese intelecto, esa razón, no es regada con amor, aquéllos pueden devenir en fanatismo. Y esto en cualquier materia, no sólo en lo religioso. Una fe sin amor se puede convertir y salir del equilibrio, en fanatismo y radicalidad. El Islam es el camino del término justo, del equilibrio.

Respecto a nuestro espíritu, el Islam nos enseña siempre a buscar la fuente y el origen de cada cosa, nuestro origen, el origen de nuestro espíritu es divino, es el milagro de la vida, es lo que nos hace humanos necesitados de su fuente, de su origen, de Allah, la fuente de toda la creación. Por eso el Islam nos enseña que el espíritu debe ser alimentado con la luz de Allah, de su palabra, de Su recuerdo, del contacto con Él a través de los rezos, a través del ayuno, a través del trabajo social, a través de beneficiar a la humanidad, a través de tratar bien a nuestros vecinos, a nuestros huéspedes, a los débiles, a los necesitados; a través de hacer un gran esfuerzo para elevarnos a niveles que sólo las personas que entienden de dónde han venido y hacia donde van saben dar con ello, a través de la resistencia al mal, a través de equivocarnos y aprender de nuestros errores, a través del arrepentimiento y perdonar. Este equilibrio da una fortaleza al ser humano que hace que permanezca en pié ante cualquier prueba y examen de la vida, ya sean enfermedades, ya sea privación, ya sea sufrir una injusticia.

El Islam es realista y enseña al ser humano que siempre habrá pruebas en la vida, opositores a un bien común, gente egoísta que puede hacer mucho daño. El Islam enseña que no hay mal que por bien no venga, y la solución para cuando esto ocurra. (¿Tal vez sea ésta la razón por la que el Islam tenga tan mala fama en los medios de comunicación?). Puede ser que nos tengan miedo precisamente porque a algunos –que son los que dominan el mundo actual- se les acabaría el chollo del monopolio, de los casinos, de los prostíbulos, de la usura, de enriquecerse a costa de los débiles,… en el caso de que el Islam se extendiera, por ejemplo.)

Ante el enunciado aducido por alguien que dijese: “a mí también me han enseñado valores positivos y no soy musulmán”, le diría: ¡qué hermoso!, eso es lo que la humanidad necesita. Pero el Islam enseña a que no nos conformemos, enseña a que podemos limar más nuestros egos, podemos llegar a ser diamantes a través de nuestros modales. A afianzar más en esos valores que te han enseñado, tanto tus padres como tu sociedad; Los valores positivos son patrimonio de la humanidad y no son específicos de un pueblo en concreto. Pero como decía al principio de mi artículo, Allah nos ha creado en etnias y pueblos diferentes para conocernos, (Corán 49:13), es como si nos quisiera decir, para que os enriquezcáis, os complementéis, os busquéis, para hacer de todos esos valores, principios universales agradecidos por toda la humanidad.

Por eso, cuando en la conferencia hablábamos del Islam desde la ética, las señoras mayorees asentían con su cabeza confirmando, de alguna manera, lo que decíamos. Por eso el Islam no se «debe de adaptar» a «occidente» ni es una invasión como pretenden las políticas que utilizan el miedo y la xenofobia para ganar votos, pues el Islam ya está adaptado desde sus inicios, ya predicaba los valores de la justicia, la excelencia y dar a los parientes próximos; y prohíbe la indecencia, lo reprobable y la injusticia. Tal como cita el Corán (Sura de La Abeja, 90).

Por lo tanto, el Islam es esa base ética que nos enseña a profundizar en estos valores y alcanzar la excelencia como seres humanos. Desde el Islam esa excelencia sólo se alcanza cuando se tiene consciencia de Dios en todos los aspectos de la vida que he mencionado antes.

Debemos de explicar a la gente que no sabe y la gente que ve todos los días en la tele barbaridades en nombre de lo que llaman “Islam” (lo he puesto entre comillas porque es “su Islam-mal-contado”, no el del Corán – por supuesto – que tener un corazón oscuro, ser mala persona y sembrar la discordia, la corrupción y el terror, pues son incompatibles con la fe en Allah, ya que practicar el Islam es practicar el bien. Esos tipos que dicen actuar en nombre del Islam, no son musulmanes, sino personas que sostienen un Islam deformado, son islamoides. El sufijo “oide” significa ‘con forma de’, como, por ejemplo “romboide”, es decir, un elemento ‘con forma de’ rombo, pero que no es un rombo, sino algo que pretende ser y no llega a ser. Por tanto “Lo islamoide” sería un Islam deformado.

Ese grupo que dice llamarse “Estado Islámico”, debería ser sustituido por “Estado islamoide”, o por “movimientos radicales islamoides”, tal y como afirma y expone el experto en Islam e imam, el Seij Vicente Mota Mansur cuando analiza este fenómeno actual.

Debemos explicar esto quienes somos musulmanes y exigir que se implanten estos términos a quienes tienen responsabilidad: en centros de estudio, docencia, medios de comunicación y la Rae. Tenemos la responsabilidad de explicar el Islam y de exigir nuestros derechos como personas ciudadanas, y como mínimo demandar una terminología correcta y no distorsionada, pues quienes definimos el Islam somos nosotros, los musulmanes. Además, el Islam lo recibimos y lo transmitimos como es, no lo inventamos. Por tanto, si hay que volver a redefinir conceptos lo hacemos, si hay que echar abajo conceptos para volver a construir otros nuevos, lo hacemos, nunca aceptaremos términos adulterados. Ahora que alguien me diga: “¡vaya lío!”. Pues lío ninguno, porque a la prensa no le tiembla el pulso a la hora de decir “falso shaolín” a la hora de definir a un tipo que mató a dos mujeres en Bilbao y que decía ser monje budista de la disciplina shaolín.  Así que a un tipo llamado “bin laden” o similares para definirlos como falsos musulmanes, tampoco deberían pensárselo y más si lo hemos exigido una y otra vez. Y más cuando el Islam oficial, el Islam del Corán, se ha desvinculado en comunicados oficiales y fetuas a nivel internacional de todo lo que tenga que ver con el terrorismo y la destrucción.

Que no se nos haga caso, significa que no hay voluntad, porque por poder, se podrían hacer muchas cosas, otra cosa es querer. Así que desde nuestros pequeños medios, seguiremos luchando para ofrecer a la gente la realidad.

Tampoco aceptaremos la definición de “Yihad” como “guerra santa”, ya que sería un engaño y la gente merece saber la verdad, porque tal concepto no existe en el Islam; la paz sí es santa, la guerra nunca. ‘La guerra santa’ es un término cristiano de las cruzadas. En el Islam jamás ha existido eso que denominan ‘guerra santa’ y la historia lo demuestra. Yihad es un término noble y pacífico; Yihad es un concepto realista que permite defenderse de una invasión; Yihad significa un gran esfuerzo, afanarse. Pero también es un término aprovechado y reinventado por algunos impostores mal llamados “yihadistas” (¿a sueldo?) que pretenden hablar en nombre del Islam y, curiosamente, muy difundidos y protagonizados por los medios de comunicación dominantes. A todos ellos, les hemos dicho, les decimos alto y claro, y les diremos: ‘¡no en nuestro nombre!’. Porque el Islam da pautas para proteger la vida, no para quitarla.

Por último, aunque en nuestras comunidades musulmanas estamos viviendo épocas difíciles, también son épocas de oportunidades. ¿Cuándo nos llamaban desde universidades y colegios privados para saber del Islam? Las comunidades musulmanas nos estamos fortaleciendo y uniéndonos para hacer resistencia. Desde nuestras asociaciones recibimos correos de gente invitándonos a participar en trabajos para sus másteres, para saber sobre la mujer musulmana, para saber sobre el Islam en general. Tenemos mucho trabajo y poco tiempo que perder. Hay que responder a nuestras sociedades. Donde haya desconocimiento, aportemos un granito de sabiduría. Se nos abre una oportunidad de fortalecernos más a todos los niveles, a unirnos como hermanos y hermanas en la fe y con otras ideologías y grupos humanos para hermanarnos en la humanidad, para que todos y todas juntas aportemos al bien común.

El otro día con sólo unas pocas aclaraciones nos dijeron: “Si esto es Islam, ojalá lo hubiera escuchado antes”, pero vamos a esforzarnos para que nos digan: ‘Gracias por vuestras contribuciones al bien común y por formar parte de Europa’. Gracias al Islam.

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