Francia busca desmarcarse de la islamofobia

El primer ministro Manuel Valls

Khadija El Fhal

El primer ministro Manuel Valls
El primer ministro Manuel Valls

Los resultados de las últimas elecciones departamentales en Francia, y el auge de la ultraderecha, liderada por la polémica Marine Le Pen, son solo uno más de los síntomas del recrudecimiento de la ola de islamofobia en el país galo, especialmente tras los atentados terroristas de París el pasado mes de enero. Los discursos alarmistas se multiplican y son muchos los que colocan el foco de atención en las banlieues francesas, aprovechando la amenaza islamista como raison d’être para sus ideologías  xenófobas. Grupos de extrema derecha, como Riposte Laïque, Résistence Républicaine o Bloc identitaire, no dudan en achacar todos y cada uno de los males de Francia a la inmigración, concretamente a la musulmana.

En un intento de desmarcarse de esta tendencia y de reconciliarse con Marruecos tras el último episodio de gran tensión entre ambos países, Manuel Valls, ministro francés, remarcó a su homólogo Benkirán en una visita al país africano el pasado 9 de abril,  la importancia del lugar del islam en Francia y Europa, así como la lucha contra la islamofobia. No son las primeras declaraciones del ministro en este sentido, quien ya abogaba por repensar la “ciudadanía” y hablaba de un “apartheid social, étnico y territorial” en territorio francés, tras el ataque a Charlie Hebdo.

 

Un día después el escritor Renaud Camus era condenado a pagar una multa de 4000 euros por unas declaraciones de 2010 en las que calificaba a los musulmanes de “conquistadores” y les acusaba de llevar a cabo un proceso de “contra-colonización” mediante el cual se intenta sustituir a los “verdaderos franceses”, los “indígenas” y destruir su civilización. La decimoséptima cámara del Tribunal correccional de París, consideró que las declaraciones de Camus incitaban al odio racial, representando a los inmigrantes como  “soldados” y estigmatizando  a la población musulmana como “colonizadora” y “violenta”. Para el tribunal el único cambio es con respecto a la forma, revestida de cierto aire de “intelectualidad” y sofisticación, pues Camus es un prolífico autor, que no pierde ocasión de explayar sus conocimientos sobre los clásicos, a los que considera en peligro debido al proceso de “desculturalización” que sufre Francia. Tampoco es desconocido el apoyo del escritor al Frente Nacional, al que considera como la única alternativa política capaz de salvar Francia de lo que denomina Gran Reemplazo.

Camus se ha mantenido firme en su postura, intentando erigirse en abanderado de la libertad de expresión y defendiendo que no hace más que explicar la realidad y decir lo que la sociedad no puede, que es para él la labor principal del escritor. No piensan lo mismo el tribunal ni la MRAP (Movimiento contra el racismo y por la amistad entre los pueblos), entidad que interpuso la denuncia por racismo e incitación al odio.

Las muestras de apoyo a Camus se pueden ver en prácticamente todas las ediciones online de la noticia, lo cual indica que la labor de lucha contra la islamofobia en Francia será ardua, pero que también es necesaria. Las políticas del gobierno francés a este respecto, serán las que muestren si efectivamente se desmarca de las corrientes derechistas.

 

 

 

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