Hablar de Marruecos nos duele

Carlota Miranda

Ella es Leticia, vive en Bruselas, trabaja en Brujas y es de Madrid. Tras vivir 10 meses en Rabat, cruzó el Estrecho con la maleta llena de ganas de volver. Quiere compartir su historia porque se lo debe a Marruecos y porque no quiere mirar atrás y pensar, “llegué tarde”.

“Creo que soy una de las muchas personas, y mi intuición me dice que mujeres, que se esconden leyendo el blog de Carlota para liberar lo que ellas sienten por Marruecos. Es más fácil estar de acuerdo con lo que ella escribe, que pensar qué sientes tú y por qué desde que fuiste a Marruecos no hay un solo día en el que no hayas pensado en él. Te cambias de país y sabes que no estás en casa. Y te cambias de país como quien sabe que está un paso más cerca de volver a Marruecos. Los que te rodean y no han estado piensan que eres una exagerada, que ya se sabe cómo es Leti, que todo lo vive a lo grande, que a todo le da mucha importancia, que todo le impacta. Pero no es eso. Marruecos te transforma. Marruecos te habla de ti misma y hace que muchos de tus prejuicios resuenen dentro de ti. Como en una caja. Lo que pasa es que Marruecos te dice que lo que te han dicho que eres no tiene por qué ser así. Que las mujeres llevan velo porque quieren. Que las que quieren, se lo quitan. Que muchas no quieren quitárselo. Que los hombres no están todos en la calle ni en los zocos esperando a que pases; la gran mayoría está en su casa o trabajando. Pero que si pasas te mirarán; sin vergüenza. Como en Europa, pero notándose.

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Marruecos

 

Lo que pasa en Marruecos es que tras dos viernes de cuscús, sientes que es la paella de los domingos y te das cuenta de que en tu casa ya no os juntáis nunca para comer. Ya no hay un único día a la semana en el que podías tomar Fanta. Porque Marruecos no entiende que trabajes hasta caer rendida, que no pongas a tu familia primero, que no sepas cocinar, que vayas con tanta prisa, que gestiones tanta angustia. Marruecos no entiende por qué tienes tanto miedo ni por qué huyes de lo bueno. Marruecos no entiende que aceptes ser algo que no eres.

Las oportunidades llegan desde Europa y algo dentro de ti te dice que no son oportunidades sino renuncias. Renuncia a una vida tranquila, donde las soluciones se encuentran y si no las hay se olvida el problema. Por eso no quieres irte; y por eso sientes un vacío que nadie entiende, y un amargo sabor a traición. Por eso cuando alguien te pregunta cuándo vuelves tu mente procesa cuándo voy. Traición a ti misma. De Marruecos tienes que irte para hablar a los tuyos de lo que se pierden, de lo importante, de lo que no debería haber sido. De Marruecos te vas creyéndote invencible. Pero tu voz se va acallando y te oyes a ti misma hablar de la importancia de tener una carrera profesional, de ser independiente, de que no te afecten las cosas demasiado. No es eso. La vida es un don, lo diré, divino, y nadie tiene el derecho de vivirla por ti.

Cuando la mitad de tus amigos en Facebook hablan de la libertad de expresión y de ser Charlie y la otra mitad dice ser Muhammed, Mahoma; cuando vives la primera noche de Ramadán y te envuelve un profundo respeto hacia la gente con Fe; cuando te acercas a Qutubía en Marraquech o a la mezquita de Hassan II en Casablanca, tú ya no importas. Ni tú, ni tu subconsciente occidental, ni todos los ecos que tu cabeza, atónita, te manda: has conocido la paz de hacer lo correcto entre las personas correctas, que estaban esperando pacientemente a demostrar con garra la legitimidad de su existencia. No te permitas equivocarte de escenario; pero si te equivocaras, perdónate. Siempre.”

Si quieres que tu historia también aparezca por aquí sólo tienes que pedirlo. Ponte en contacto conmigo e intentemos entre todos, desde nuestra experiencia personal, transmitir la realidad, buena y menos buena, de Marruecos.

Carlota Miranta es autora del blog “no es nada personal”

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