La inmigración: ¿un problema para los europeos o una causa pendiente?

SARA EL OUAZZANY

Factores como la globalización económica o la desigualdad en las condiciones de vida, tanto dentro de un mismo país, como entre diferentes países, han contribuido a determinar un aumento de los flujos migratorios internacionales. La inmigración es un fenómeno extendido al que la globalización ha facilitado y dado a conocer las condiciones en que va a vivir la persona que elige abandonar su país en búsqueda de oportunidades de trabajo, y consiguientemente, calidad de vida y bienestar. A pesar de la crisis económica que sufre Europa, que ha reducido la inmigración en un 4,3% en 2013, las olas migratorias hacia el continente siguen desarrollándose.

Tras el Mediterráneo, al sur, miles de personas intentan sobrepasar las barreras para llegar al “paraíso” de muchos, Europa, mientras al norte, los países toman medidas para restringir la entrada de inmigración y reducir población. ¿Está la solución en poner más muros y barreras fortificadas físicas? ¿Es realmente la inmigración un problema real o tiene ventajas para el país receptor? ¿Las medidas restrictivas que se están tomando son justas para los dos ejes Norte-Sur?

Norte-Sur
Valla de Melilla

 

En el acceso de Ceuta y Melilla, centenares de africanos han muerto intentando saltar las vallas. Las barreras se han fortificado y se han tomado más medidas de control. Por una parte, parte de la sociedad se queja de la crueldad de los actos de la policía y el Gobierno y por otra parte, los gobiernos europeos toman medidas para frenar la inmigración, sobretodo por la situación económica.

El dilema se encuentra en restringir (o no, aunque casi todos los países prefieren hacerlo, excepto en Suiza, que ha sido rechazado mediante un referéndum) la entrada y en el cómo hacerlo.

El 20% de los 232 millones de migrantes internacionales en el mundo están en situación irregular debido a la carencia de medios de migración abiertos y seguros, informaron expertos de la ONU en derechos humanos. Las situaciones de explotación, discriminación y violencia a la que se enfrentan cada vez más los inmigrantes es debida a dos razones: por parte de las empresas, que se aprovechan de su vulnerabilidad  y aceptación de condiciones de trabajo muy bajas, ya que de todas formas serán mejor que las del país del que provienen, y por tanto lo aceptan.

Y por otra parte, grandes sectores de la sociedad rechazan la entrada  de inmigrantes porque son más puestos de trabajo requeridos, y con la crisis es una “desventaja” para los nacionales, ya que ahora aceptan los puestos trabajo que antes solamente los inmigrantes hacían, como los oficios de camarero, limpieza de casas, trabajo en el campo, la obra y construcción, el cuidado de personas mayores.

La situación económica española en concreto, está peor que la mayoría del resto de países de la Europa de los 15. Según los datos que ofrece el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), más de 240 mil personas han abandonado el país en 2013, 200 mil son extranjeros que han vuelto a su país y el resto son los jóvenes españoles que han emigrado a otros países de Europa en busca de trabajo. Este dato muestra que España ya no es un potencial país de recepción de inmigración, sino que la balanza inmigración-emigración se está regulando. Antes se hablaba de fuga de cerebros, pero los datos demuestran que no es simplemente una fuga de cerebros, ya que los que se van del país son jóvenes con todo tipo de titulaciones, y personas no tan jóvenes. Además una importante parte de ellos trabajan en los puestos de trabajo tradicionales de los inmigrantes y viven en sus mismas condiciones, pero como pasaba (o sigue pasando) con los inmigrantes de España, acceden a estas circunstancias porque no tienen nada que perder, saben que en España no encontrarán trabajo, por tanto, se consuelan con que “algo es mejor que nada”.

En Gran Bretaña, potencial país de inmigración que proviene no sólo de África, sino también de Asia, y ahora de los países peor situados en Europa, el primer ministro David Cameron quiere restringir la entrada de ciudadanos europeos que en seis meses no encuentren trabajo. El país está en un momento crucial de su política y Cameron intenta tomar las medidas correctas para su partido, ya que están cerca de las elecciones generales y la inmigración y la UE ocupan el centro del debate político.

Restricciones más radicales ha expuesto Cameron, como que los inmigrantes comunitarios deberían trabajar cuatro años par poder recibir ayudas y subsidios (ayudas para los hijos y para la vivienda a familias es situación difícil). Estas medidas también han sido tomadas por la Canciller alemana Angela Merkel, ya que, aunque su economía no peligra tanto como la de Reino Unido, la derecha conservadora alemana sí que ha presionado para que se tomen medidas de reducción y regulación de la inmigración.

Las únicas medidas que ha tomado la Unión Europea hasta ahora son las de levantar muros para evitar el problema, pero en realidad estas medidas no son una solución, sino que es paliar y evadir los derechos y obligaciones de la libre circulación de personas y hacer la vista gorda de las muertes que se están causando por este problema. Como explica Branko Milanovic en su artúculo en El País (30 de octubre): “es una estrategia defensiva que, a pesar de sus costes y su dureza, no logra más que una leve reducción del número de inmigrantes y provoca tragedias esporádicas como las de Lampedusa. Además suscita incómodas dudas éticas sobre el derecho a impedir la libre circulación de los trabajadores mientras se permiten los movimientos de capital, bienes, tecnología e ideas”.

Lo que propone Milanovic es una política de inmigración amplia y ordenada mediante programas temporales de empleo. Es una buena propuesta, pero ¿es justa para las personas inmigrantes? El trasfondo de la cuestión va más allá y vuelve a la cuestión de la desigualdad de salarios en el mundo, a la desigualdad de oportunidades. Si comparamos los salarios de un país rico y uno “pobre”, los resultados son muy dispares.

Los recursos naturales son explotados mayormente por los países del hemisferio Norte, mientras el hemisferio Sur, no puede tener acceso a ellos. Por tanto, la cuestión de los recursos sigue un ciclo lineal, que no cambia, marcado por el pasado, por quien se ha hecho con los recursos primero y los ha explotado.

Ante este asunto y estas circunstancias, el debate de lo que se debe o no hacer es muy complicado, subjetivo y polémico. Tiene su aspecto moral, económico, judicial, social, político, etc. El asunto no se puede ver solo desde el punto de vista europeo, porque sería injusto, se debe ver desde el punto de vista de los países subdesarrollados o en desarrollo también.

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