¡No mires, da miedo!

fotograma de una película western

Fath El Hamzaoui, Guipuzcoa

En las películas del Oeste se nos presenta a los indios como «salvajes» y «duros de morir», ellos disponen de indumentaria más vulnerable para un ataque de dinamita de un caballero americano, los piel roja pierden la batalla antes de comenzarla, acompañados de bandas sonoras que crean temblor en nuestros oídos y nos conducen a temerlos, a pesar de saber bien cómo será el final de la película: ¡todos los indios muertos!

indios piel roja
indios piel roja

Siempre se ha repetido las mismas escenas, sin contar que entre los americanos hay también atracadores de esos bancos de oro, son los mismos  gansters que enamoran a las damas y ellas se convierten en personajes secundarios, menos tiempo para verlas mejor, porque las mujeres americanas llevan esos trajes largos y escotes de vértigo, siempre bien arregladas, a pesar de vivir en esos desiertos que crean sed hasta a los espectadores del film.  Es todo un logro que siga el cine Western, sin críticas, de crear la Historia, al menos para los ciudadanos de a pie, los que no cuentan con los recursos (incluido el tiempo) para poder indagar más. Sin darnos cuenta que más allá de indios y americanos o  sherif y ladrón, reside una dominación de unos sobre otros, los capaces de contar y los capaces de atender, pareciese sacado de Karl Marx, pero no tanto en lo económico, sino que ligado a ello, es más bien en lo conceptual, el dominio de las conciencias.

 El cine lleva creando ogros, enemigos y terroristas ficticios que atienden a nuestras demandas psicológicas de un frente al que temer, desde décadas y en largos períodos, sírvase para el temor de que no estamos a salvo, ese caos permanente que perdura y desgraciadamente crece y  nos hace más débiles que nos obliga a ceder a lo verdaderamente humano: la confianza en el prójimo.

fotograma de una película western
fotograma de una película western

El cine no se quedó sólo, la lectura lo acompaña. Bien es saber seleccionar quienes nos enseñan lo que ocurrió a nuestro pasado, los que dejaron nuestro legado y las fuentes  de las que alimentamos nuestro saber histórico, nuestra cultura  y en definitiva nuestro día a día.

Decía el sociólogo francés Pierre Bourdieu que otra forma de manipulación es «ocultar mostrando y mostrar ocultando»  poner enfoque en lo que nos aterra es parte del control y la  ignorancia es otra de las armas de quienes crean y producen el conocimiento (académico o cine), acercar a los indios y los americanos de las películas es un trabajo duro para las mentes acostumbradas al arte de la acción del cine y no entenderían un final feliz donde no muera nadie.  Quizás deberíamos saber seleccionar finales menos agresivos, nuestras conciencias no están preparadas para la soledad,   el temor y la inseguridad recrea al hombre y lo hace vulnerable a los que dominan el discurso y hacen del cine y de la lectura  marionetas de madera.

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