Quien controle el Río Amarillo, controlará China

Daniel Day

En una época en la que el irresistible ascenso de China no se puede ignorar, se impone recordar hasta qué punto las aguas chinas han influido en la Historia. Según el legendario Emperador Amarillo, «Quien controle el Río Amarillo, controlará China». Una idea circulada es que, en la escritura china, «orden político» puede expresarse con una combinación de los ideogramas «río» + «dique» = 治. En realidad, dicho caracter tiene el significado de orden político cuando se escribe tras el ideograma 政, pero señala bien el papel de lo acuático en China a la hora de dar forma a lo político.

Grand-Canal-Map
Gran Canal de China

Río es claramente del elemento «agua», y representa el peligro taimado, aquello que, de no conocerse o controlarse, nos acaba controlando a nosotros, pero también el flujo natural y oculto de la naturaleza, aquello que debe ser tenido en cuenta, nos guste o no. Dique pertenece al elemento «tierra» y representa la organización, la cristalización, la estructuración, el control, el orden y la disciplina: aquello que nos es impuesto y también lo fértil, aquello que puede rendir frutos. Como veremos más abajo, las aguas de China son muy fuertes, y por tanto la tierra china debe estar a su altura. El cuerpo humano es en su mayor parte agua, pero del mismo modo que los minerales (tierra) ayudan a fijar el agua al cuerpo para que éste sea un organismo firme y no una bolsa amorfa, también un país, por grande que sea, debe obedecer las mismas reglas.

De particular importancia en China era controlar las periódicas inundaciones del Río Amarillo, que han sido desde siempre las más mortíferas catástrofes naturales de la historia de la humanidad, mucho más que cualquier terremoto, tsunami o volcán. Ya en la Edad Media, estos desastres llegaban a cobrarse cientos de miles de víctimas al desviar el curso entero del río y entrar en zonas superpobladas, inundar campos, matar ganado, arruinar cosechas, sepultar casas, etc., de ahí que el Río Amarillo, a veces conocido como «madre de China», sea también conocido -en una característica muestra de los dobles sentidos chinos y de que todo Yang tiene su Yin- como «dolor de China».

El suelo de loess (viene de una palabra germánica que significa «suelto»), típico de la zona del Río Amarillo, se forma a lo largo del tiempo por sedimentos transportados y depositados por el viento y las tormentas. Puede llegar a ser muy fértil porque, por estar suelto, está oxigenado, ionizado y por ende ya «arado», pero también es vulnerable a la erosión del viento y el agua, que lo mismo que lo depositan, lo pueden desalojar, dejando como resultado un erial rocoso y estéril. En China central, los sedimentos constitutivos del loess proceden de los desiertos de Mongolia y, combinados con los terremotos (como el de 1556 en la provincia de Shaangxi), han llegado a matar a cientos de miles de chinos por el derrumbamiento de frágiles cuevas y asentamientos superpoblados.

Todos estos ingredientes determinaban que las inundaciones del Río Amarillo consistiesen en una rápida y pesadísima mezcla de agua y tierra, ionizada como una tormenta, que acumulaba una energía cinética brutal y podía llegar a sumergir pueblos enteros bajo capas de lodo de 6 metros, sin que se volviese a saber nada de ellos. Esta peculiar combinación de agua y tierra sólo podía arrojar dos resultados sobre la mesa:

A) El caos. Un suelo áspero, inestable y vulnerable a la erosión + aguas descontroladas e impredecibles = inundaciones imparables, desertización.

B) La reacción contra el caos. Un sistema de administración de aguas, irrigaciones, canales, etc., con el fin de fertilizar provincias del tamaño de países europeos enteros, prepararlas para la civilización humana, asentar el suelo y hacer que creciese vida sobre él para que dejase de ser tan «suelto», favoreciendo el objetivo supremo del confucianismo: la armonía social. Algunas fuentes no contrastadas traducen vagamente los ideogramas «ciencia política» como «agua organizada para traer alegría». Esto puede ser discutible, pero lo cierto es que «ciencia política» incluye (en segundo lugar) el caracter de «río + dique» que vimos antes: 政治学.

Por tanto, regimentar la sociedad para resistir estas catástrofes, mantener la calma y la disciplina en la adversidad, trabajar para reconstruir lo destruido y administrar las aguas sabiamente, era más que una cuestión política en la antigua China: era pura supervivencia. Si los chinos pusieron diques (la Gran Muralla) al peligro político mongol, también debían ponérselos al peligro geográfico encarnado por el Río Amarillo y la llanura de loess. En ese contexto nació el Gran Canal.

Ya las crónicas chinas más antiguas (dinastía Xia) hablan de una unificación de ciudades-estado para resistir una apocalíptica inundación del Río Amarillo. 2400 años antes de que Estados Unidos construyese su Intracoastal Waterway (ICW), la dinastía china Wu ya acometía la construcción del Gran Canal. El canal será perfeccionado durante las posteriores dinastías imperiales hasta convertirse en el más largo e importante del mundo, puesto que sigue ostentando, aunque algunas vías hayan caído en el desuso. Pero el Gran Canal no sólo era una ruta comercial, una fuente de irrigación y una red de navegación fluvial, sino también un sistema de diques, presas, compensación de niveles y transferencia de aguas entre las cuencas del Río Amarillo y Yangtsé.

El mapa de la red fluvial formada en torno al Gran Canal revela que una buena porción del este de China se convirtió en un archipiélago de facto, y puede simplificarse como un triángulo con vértices en:

1- Beijing («capital del norte»). Beijing controlaba la ruta más corta entre Mongolia y el Mar de Bohai, bloqueando el acceso marítimo a las tribus bárbaras del Norte. En términos geopolíticos, Beijing representaba el centro neurálgico de la franja costera china más vulnerable a ser partida y segmentada por el Heartland o la influencia geopolítica del interior continental eurasuático. Menos fértil y más seca que las ricas cuencas del sur, Beijing se beneficiará de transferencias de agua y transportes de cientos de miles de toneladas de cereales a lo largo del Gran Canal.

2- Luoyang. Conectaba con la antigua capital china Xi’an («paz occidental»), que se encontraba más arriba del Río Amarillo. Luoyang era el verdadero nodo comercial y cultural de este dominio, aunque también era menos defendible que la fortificada Xi’an. Fue sede del primer templo budista en China y acogió la primera misión diplomática romana en tiempos de Marco Aurelio, conocido como «el rey de Da Qin» (el Imperio Romano).

3- El superpoblado delta del Yangtsé, con sus principales centros urbanos, Suzhou y Hangzhou. Hoy el delta está dominado por la más marítima Shanghai, pero su importancia sigue vigente.

El sur de China (esfera cantonesa) quedaba apartado del núcleo de la China imperial. Cobrará mayor relevancia con el aumento del comercio europeo en el Siglo XIX y el auge de plazas como Guangzhou y Hong Kong. Si el actual régimen de Beijing es realmente, como se afirma a veces, la XXV dinastía china, el control fluvial (y su contrapartida política, el control de las masas humanas) seguirá siendo un asunto vital… especialmente cuando hay años en los que el Río Amarillo -sobreexplotado y contaminado- no llega al mar.

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