Gobierno, oposición y regia clarividencia por medio

Said Jedidi

En Marruecos, muchos siguen evocando  comentando y valorando la iniciativa de la oposición marroquí que consistía en dirigir un memorando al rey Mohamed VI para denunciar lo que entienden como “instrumentalización del jefe del Gobierno del palacio en sus luchas contra la oposición”.

Rey
El Rey Mohamed VI y el Jefe del gobierno Abdelilah Benkiran

 

A este respecto, el Primer secretario de la Unión Socialista de Las Fuerzas Populares (USFP) comentaba al respecto “que el palacio real tiene su portavoz”.

Driss Lachgar tiene razón, toda la razón. Se llama Abdelhak Lemrini y todos lo conocemos. Solo que hace unos días el secretario general del partido PAM, Mostafa Bakkouri celebró una rueda de prensa (si toda una rueda de prensa) para revelar a todo el mundo que “el rey está descontento con Benkiran”.
Abdelhak Lemrini seguía siendo portavoz del palacio real. “Es muy grave”, respondió El Jefe del Gobierno preguntándose si “SM el rey hubiera necesitado a la oposición para transmitirme sus orientaciones y sus instrucciones”.
Entre el jefe del Gobierno y la oposición hay una realidad bajo forma de una pequeña historia. Esta es:
Los partidos de la oposición dirigieron, como hemos dicho antes, un memorando al rey hace unas semanas, siendo recibidos por dos consejeros reales: Fouad Ali Al-Himma y Abdellatif Menouni los cuales se desplazaron luego a la oficina del jefe del Gobierno para escuchar su versión de las cosas.
Más tarde se supo que el rey no quería ni debía ni podía implicarse en las disensiones entre partidos políticos. No hay peor sordo que el que  no quiere escuchar.
Aquí consiste lo esencial: El rey respeta la presidencia del gobierno y más allá de la persona de su titular, muestra el respeto real a la Constitución. Lo que es, además de grato, bueno para la marcha de las instituciones. Esto basta a los marroquíes que se sienten afirmados en su convicción de que, más allá de los desacuerdos de opinión y de interpretación de los actores políticos en el país (oposición y mayoría) y más allá de roces y fricciones en el parlamento o en otras partes, el respeto de la Constitución, como lo hace la máxima autoridad del país es y debe ser una garantía que de ninguna forma se debe burlar y adaptar a intereses propios.
Esta clarividencia real ha eclipsado el “tira y afloja” entre mayoría y oposición o más exactamente entre la segunda y el Jefe del Gobierno, afortunadamente