Los tramperos

Rosa Ruiz Esteban*

Vivían en Nubilandia, un país perdido en el cielo, situado por encima de las estrellas, donde la mayoría de las veces “el manda más” del lugar se camuflaba en la ambigüedad de sus palabras, que destellaban como luces de esperanza en los oídos del pueblo. Pero surgieron los piratas con pata de palo, parche en el ojo vacuo y catalejo en el bueno, con el que veían la niebla crecer. Así, de tal manera comenzaron a surcar las nubes del firmamento.

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En una enorme barcaza celestial entraron todos y llenaron el navío de estruendosos ruidos, que constantemente producían un tambaleo exagerado, como si fuera a desmoronarse de un momento a otro, entre aquellas turbulencias por donde navegaban a toda velocidad.
Con el paso del tiempo adquirieron fama y nombre, les apodaron “Los Tramperos”
Ellos no eran honestos, eran filibusteros del siglo XXI, levitadotes etéreos que nunca pisaban el suelo y la realidad de la calle. Vivían una fantasía en un país creado por ellos y para ellos. El resto era un mundo imaginario que los demás contaban para provocar lastima, o qué sé yo, se decían entre carcajadas.
Desconocían eso que se siente al arrodillarse, implorar, llorar, rogar y solicitar lo que todos seres humanos debieran tener. Demandar piedad es sinónimo de humillación. Una humillación que crece en el desamparo de la escucha, del consentimiento táctico y tácito de los conspiradores etéreos que levitan en su economía celestial.

Rosa Ruiz Esteban es escritora.

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