Mi primer día deRamadán

El centro cultural islámico de Madrid

Tasnim Dabbas, 20 años Madrid

El primer día de ramadán, es algo que esperas con ansia desde hace mucho tiempo. Sientes ese cosquilleo en el estómago, esa chispa mágica que sentías cuando tus padres te llevaban a tu parque favorito.

El centro cultural islámico de Madrid
El centro cultural islámico de Madrid

Estás ilusionado porque tus obras se van a multiplicar, te vas a acercar  más a Dios, y ves en ella la oportunidad para lograr tus propósitos y ascender como persona. Haces muchos planes para aprovechar este mes al máximo, pero sabes muy bien que debes solo concentrarte en una o pocas cosas para lograrlo. En general, eres mejor persona.

Tu rutina cambia drásticamente, pero eso no importa, todo esfuerzo obtiene su recompensa. Empiezas el día bien, pero llega un momento en el que sientes sed. Entonces, abres la nevera, y ves esa botella de agua fría, que se te antoja como lo mejor que hay en el mundo, te imaginas bebiéndotela, es más, ya sientes ese fresco líquido bajar por tu garganta. Por un instante, sorteas la opción de bebértela, pero algo te impide hacerlo,  ese algo, es tu amor por Allah, y te recuerda porque estás ayunando, y él es el único que puede saber el   esfuerzo que haces para llegar hasta el fin, por lo cuál, sigues ayunando. Porque amar también es esforzarse o sacrificarse.

El ayuno, en gran parte te hace más humano, más solidario, recordándote que hay muchas personas en el mundo que apenas tienen nada. Por lo que también te esfuerzas en concienciar a la gente de que hay personas en el mundo que nos necesitan.

Pero no todo son penurias o desdichas. Los momentos preferidos del primer día es el iftar, en el que los lazos familiares se acentúan, las quedadas con los amigos en el que la hermandad es más fuerte, la sonrisa que das a la primera persona desconocida que te encuentras, pero sientes que la conoces desde antes, y la mejor parte sin duda alguna, es el rezo nocturno del tarawih, en el que sientes que no importa nada excepto oir y sentir la recitación de las aleyas del Corán. Es una sensación indescriptible, en el que te sientes completo por dentro.

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