Traiciones

Alexis Tsipras junto a Yanis Varoufakis

 Rosa Ruiz Esteban

Por treinta monedas de plata Judas vendió a Jesucristo. Por menos o más que eso se traiciona. A veces por deporte emocional, otras por envidia, por lucimiento actuacional o por cualquier otra cosa.

Alexis Tsipras junto a Yanis Varoufakis
Alexis Tsipras junto a Yanis Varoufakis

Traicionar es quebrantar la fidelidad o lealtad que se debería guardar a alguien. Pero romper esa confianza es algo muy usual en esta sociedad moderna, que se caracteriza por ser imitadora de referentes triunfantes, mismo que el punto de referencia esté vacío de valores.

Como conjunto referencial es elegido EEUU, dado que es el mayor dominante del mundo.  Y como individualidad se elije a cualquiera en tanto la imagen sea más impactante que la del resto, dando un poco igual las otras cosas. Porque en definitiva lo que se busca es el consumo de algo que destaca y terminamos consumiendo lo que vemos. El bombardeo masivo de algo produce un efecto determinante de convencimiento.

 

Un convencimiento ligado a la lealtad social de grupo, que como tal, marcan tendencia ideológica, política, religiosa, moda, etc… Pero ello no significa que sea lo mejor ni lo más adecuado. Por el contrario, tendemos a imitar las cosas que debieran de ser inimitables.

A día de hoy, se han perdido los valores, la originalidad, la lealtad, la sencillez, la humildad, la humanidad, el coraje, el respeto al otro…, y la traición se hace eco en cualquier rincón, como un valor añadido digno de señalar. Tsipras traiciona al pueblo griego hipotecándole hasta el infinito, mi vecina del quinto traiciona a su marido solo por placer. El placer debe jugar un papel importante en todo esto, donde se olvidan los intereses conjuntos y las referencias dominantes y se aplica la traición como moneda de cambio, sin considerar los daños colaterales.

Rosa Ruiz Esteban es escritora

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