Los mensajeros de la paz contra los mensajes del odio

No en mi nombre fue una campaña hecha por los musulmanes para denunciar el terrorismo

Fath El Hamzaoui

Después de una semana de directos, reportajes, noticias curiosas y conexiones directas desde París parece que volverá la normalidad a la  ciudad del amor,  el odio no ha calado. El mensaje de Daesh  hay que leerlo desde su lógica, hacen falta medios para interpretar sus intenciones. Quieren construir un diálogo bélico, pero los mensajes  no se entienden si no se presta atención a sus intenciones.  El lanzamiento de continuos vídeos con amenazas a Occidente tiene dos interpretaciones: la primera es convencer a los musulmanes de alinearse a sus filas y proclamar una cruzada de  musulmanes contra lo que llaman “al kafirun” que viene a significar los infieles; y la segunda interpretación sería  generar miedo en la población occidental para desestabilizar su sistema  político y así crear un clima de bunkerización constante que limite las libertades de los ciudadanos por las medidas de seguridad.

No en mi nombre fue una campaña hecha por los musulmanes para denunciar el terrorismo
No en mi nombre fue una campaña hecha por los musulmanes para denunciar el terrorismo

Los medios de comunicación de todo el mundo han hecho una labor de desligar el islam del terrorismo y  parece que ha quedado bastante claro el mensaje de los musulmanes para responder al terror que podría dividir a  aquéllos que viven en paz.

Ahora conviene hacer una reflexión de cómo responder a la lógica de Daesh. El primer error que podrían cometer los gobiernos de los países occidentales es aceptar el terreno del debate, el fango religioso no conduce a un acuerdo secular, que garantice la paz y el respeto a los derechos humanos, y aún involucrados en las discusiones si el islam que profesan estos terroristas es acertado o no, el primer debate sería a favor de los musulmanes, existe un consenso total de los musulmanes para no aceptar la violencia. En el islam los pactos son sagrados y este consenso es un pacto tanto por la supervivencia del islam como de los musulmanes. El segundo error es la difusión de los mensajes y vídeos de Daesh. La producción al estilo cinematográfico de los terroristas tiene un claro objetivo, su máxima difusión posible. La sociedad de la tecnología comparte éstos mensajes a alta velocidad y Daesh lo tiene en cuenta, usan las redes sociales con expertos managers e incluso cuentan con tecnología  de última generación, por tanto, hay que paralizar cualquier difusión de estos mensajes, usar la censura máxima contra su difusión.

En cuanto a las actuaciones bélicas llevadas por Occidente, no se  han tomado con bastante tiempo, la espontaneidad con  la que ha actuado Francia ha generado el debate si realmente es efectivo un ataque aéreo a las bases  de Daesh.  Se sabe poco sobre sus posicionamientos, y lo más preocupante es que están entre civiles, la ciudad de Raqqa como capital de los terroristas está sufriendo doblemente, por una parte secuestrada por los terroristas y la otra tiene que aguantar ataques aéreos que no tiene discriminación alguna. Ningún país de esta coalición occidental  se ha declinado por una actuación terrestre. Si esto se confirma sería el caos máximo.   Nos planteamos si existen otras alternativas para actuar contra el califato del terror, viendo los errores que se han cometido en Afganistán y en Iraq, la respuesta no es de esperar, las intervenciones militares en estas tierras no han hecho más que empeorar la situación.

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