Y otra vez más, refugiados..

Correo Madrid, Ibrahim Rifi

A principios del siglo XX las autoridades turcas de aquel entonces en el contexto de la Primera Guerra Mundial deportaron y exterminaron a 1’5 millones de civiles armenios aproximadamente, dando lugar a uno de los mayores genocidios de la historia; el Genocidio Armenio. Tras el histórico  genocidio del total de la población armenia que vive en todo el mundo, algo más de 12 millones de personas, sólo alrededor de  3’4 millones viven en lo que hoy es la actual Armenia. La diáspora armenia se estima en una población aproximada de 8 millones de personas, es decir, sólo una quinta parte de todos los armenios del mundo viven en su país de origen. Uno de los países en los que era importante la comunidad armenia era Siria, en la que  hasta el año 2011 vivían en unos 150.000 ciudadanos de origen armenio, que a su vez pertenecen a la fe cristiana ortodoxa, y la mayoría de la población se concentra, o se concentraba en la ciudad de Alepo al norte del país.

refugiados

Desde principios del siglo los armenios convivieron y coexistieron pacíficamente en Siria con el resto de etnias y confesiones que componen la región, durante décadas pudieron establecer en Siria una pequeña Armenia, manteniendo sus costumbres y tradiciones, su lengua y su religión, abriendo iglesias, comercios y escuelas y con no pocas dificultades lograron salir adelante y vivir en Siria durante más de un siglo, formando parte indivisible de lo que hoy es, o fue Siria. La convivencia y la relativa estabilidad en Siria dura hasta que en  marzo del año 2011 estalla la primera manifestación contra el régimen dictatorial de Bashar Al Assad, lo que se conoce como el principio de la revolución que dará paso a la guerra civil siria, uno de los conflictos más crueles de los últimos años y la mayor crisis humanitaria del siglo XXI que cada día nos deja imágenes estremecedoras.

Se estima que aproximadamente el conflicto ha dejado sin vida a unos 230.000 personas, decenas de miles de desaparecidos, 6 millones de desplazados internos y 4 millones de refugiados que día a día vemos ahogarse intentando llegar a las costas de Europa. El conflicto en Siria es el conflicto con más intervenciones extranjeras desde la Segunda guerra mundial, ha desestabilizado, otra vez más Oriente Medio, y 100 años después la historia se vuelve a repetir para la comunidad armenia y parece que la única y más grande lección de la historia es que nunca nadie aprendió nada de las lecciones de la historia. De entre esas 4 millones de personas refugiadas sirias y 12 millones de descendientes de refugiados armenios tenemos el placer de entrevistar a Neli Demirdjian.

Neli nos recibe en el Centro de Acogida de Refugiados de Madrid, en el que lleva 6 meses viviendo junto con su marido Bedros, el cual vino de Siria herido y en unos 3 meses tendrá que salir del centro puesto que el reglamento de acogida de refugiados así lo establece. Neli empieza a contarnos el inicio de la existencia de su comunidad en Siria, su abuela se tuvo que disfrazar de hombre con 13 años y huir andando desde Armenia hasta Siria, su abuelo salió de Armenia con 8 miembros más de su familia y llegó solo él y dos hermanos. La mayoría de su familia fue fusilada por los turcos. La mayor parte de los armenios que pudieron sobrevivir y comenzar una nueva vida son los que tenían dinero, o suerte, y lo mismo sucede ahora con los sirios. »Los pobres son los que más sufren la guerra», dice Neli con semblante de tristeza.

¿Cómo era la relación de los árabes con los armenios?

La relación y la acogida que tuvo nuestro pueblo en Siria desde principios del siglo fueron muy positivas, era una relación muy solidaria y pacífica. Teniendo en cuenta que entre la población árabe había cristianos que desde siempre habían vivido ahí, e independientemente de ello los armenios aportamos positivamente al conjunto de la sociedad siria, y juntos  fuimos aprendiendo y compartiendo valores que nos unían, y pudimos establecer y sentirnos como en nuestra propia casa en una casa que en principio no era la nuestra, pero posteriormente sí lo fue, y en la que de nuevo no podemos estar. La vida social que tenía la comunidad armenia era muy rica, cuando llegaron los primeros armenios no eran muchos, pero cada pareja empezó a tener muchos hijos y la comunidad empezó a crecer, siempre nos casamos entre armenios, rara vez un armenio se casa con alguien que no pertenezca a su comunidad, incluso aunque fuesen cristianos. Es importante preservar nuestra cultura.

-¿Cómo eran las relaciones de la comunidad armenia el régimen sirio y el partido Baaz y cómo se posicionó en la guerra desde el principio?

-A ser sinceros la comunidad armenia se posicionó desde el primer momento del bando del régimen, entre los representantes de la comunidad armenia hubo relaciones de cooperación con Hafez Al Assad, el cual valoramos positivamente, y posteriormente con su hijo Bashar Al Assad, el régimen siempre nos respetó debido a que nunca nos entrometimos en su política y aceptábamos sin rechistar sus directrices.

-¿Crees que el régimen de Assad se ha comportado de una forma sectaria durante el actual conflicto sirio?

-No, desde siempre han habido altos cargos pertenecientes a otras confesiones y sectas religiosas, sobre todo sunníes. El tema de la tensión entre sunníes y alauíes es algo muy reciente, antes nunca habíamos escuchado nada de esto.  Aunque sí que es cierto que el régimen de Assad pertenece a la secta alauí y la minoría alauí mantiene posiciones mucho más privilegiadas en líneas generales que el resto de los sirios, y existen privilegios  a etnias según sea la cercanía al régimen.

-¿Qué opinas del régimen de Bashar Al Assad?

-No voy a negar que el régimen es totalmente dictatorial, hemos vivido bajo el yugo de una dictadura, no había libertades políticas, la gente vivía con miedo, había espías por todas partes. No puedes hablar ni una palabra sobre política porque desapareces, te encarcelan, las detenciones arbitrarias eran algo normalizado. Aunque había seguridad y libertad religiosa y eso es algo muy importante a nuestro favor, dejó a los armenios practicar nuestra fe y mantener nuestras costumbres. En general la comunidad armenia no estaba muy politizada ni tendía a entrar en esos debates, primero por el miedo, segundo por nuestro propio interés y nuestra especial cercanía al régimen, aunque la verdad hay que decirla, es una dictadura que ha cometido muchos crímenes. El régimen de Assad debe cambiar pero los opositores que luchan contra él son peor, y si hay que elegir prefiero vivir bajo una dictadura con libertad religiosa que otra dictadura sin libertad religiosa.

Neli nos cuenta que el régimen tiene cosas malas y cosas buenas, y a lo que más se aferra es a que existía libertad religiosa y que los rebeldes que le combaten y luchan contra él no respetaron su comunidad. Existe una sensación clara de desarraigo de la comunidad armenia en Siria, no se sienten como sirios auténticos, sino más bien sirios de segunda clase, de ahí la poca intromisión en asuntos políticos. Sólo quieren vivir y estarán con todo aquel que les respete.  »Todo son intereses, la política es mala y es mejor no meterse mucho», afirma con rotundidad nuestra entrevistada.

-¿Qué opinas de los grupos rebeldes que luchan contra Assad?

Al inicio del conflicto en 2011, en las primeras manifestaciones rápidamente los manifestantes se armaron, entraron armas de fuera de potencias extranjeras como Qatar y Arabia Saudí, siendo todo parte de la estrategia sionista de desestabilización de Oriente medio. Primero surgió el Ejército Sirio Libre con quien la comunidad armenia ya tuvo problemas porque nosotros éramos más cercanos al régimen de Assad. Luego cuando aparecieron los radicales islamistas como Al Fatah o Al Nusra nuestra situación fue mucho más difícil, el miedo hacia ellos crecía más y el régimen cada vez era más debil en Alepo, de 4 iglesias ortodoxas que tenían los radicales derribaron dos, robaron todas lo que había en sus interiores y destruyeron todo lo que había por medio. Sin embargo, los que hemos convivido con musulmanes sabemos que el radicalismo islámico no es islam, mis abuelos cuando llegaron a Siria fueron ayudados por mezquitas de musulmanes, y en nuestro barrio de Alepo las iglesias ayudaban y siguen ayudando a musulmanes. A pesar de todo nunca nadie hará olvidar la buena convivencia que tuvimos todas las comunidades que formamos un día lo que fue Siria.

-¿Cómo vivisteis la guerra?

Cuando empezó la guerra en Alepo los enfrentamientos eran muy duros, nosotros estábamos rodeados de milicias del Ejército Sirio Libre que combatían a las fuerzas del régimen. Era vivir en un miedo constante, escuchar bombas a todas horas y no saber si amanecerás con vida al día siguiente. Estuvimos más de dos años sin electricidad ni agua, de hecho tengo problemas en la visión porque pasábamos muchas horas sin luz. Mi marido se rompió la cadera cuando huía de unos tiroteos y su riñón quedó gravemente afectado aunque gracias a Dios se está recuperando aquí en España. Ví morir a mucha gente, derrumbarse muchos edificios, destrozarse muchas vidas, tengo muchos amigos y vecinos que están desaparecidos y no se sabe nada de ellos, sentí el sufrimiento de la guerra, fueron meses muy horribles que no se los deseo a nadie…

-¿Cuándo y cómo llegaste a España?

Cuando aparecieron los radicales la situación era insostenible, vivir incomunicado sin luz ni agua, ni comunicaciones, ni gasolina, todo se encareció. Con bombas a todas horas la vida se nos hizo casi imposible. Y con mi marido herido sin hospitales apenas un día decidimos pedir asilo a España desde el Líbano. Tengo un hijo que lleva viviendo aquí varios años y otro que huyó a Armenia a principios de la guerra para que no fuese reclutado por el ejército. Mi hijo Aram nos ayudó a pedir asilo aquí, tuvimos que ir desde Alepo hasta la embajada de España en el Líbano en coche, era un viaje muy peligroso, pero lo teníamos que hacer. Siete meses más tarde nos concedieron el asilo y pudimos volar desde Beirut hasta Madrid, y así fue como llegamos aquí. Esperemos que se solucionen lo antes posible los problemas en Siria. Amamos Siria, y esperamos algún día volver a ella, a mi Alepo, con mis familiares y amigos de distintas confesiones, volver a tener la vida que teníamos, en paz y armonía. No quiero ser de nuevo la generación que abra otra vida de desarraigo. Y así es la historia, otra vez más, yo, nieta de refugiados, me vuelvo a refugiar…

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