Burla a la nación

Rosa Ruiz Esteban*

Ante la falta de otros actores principales, el debate cara a cara comenzó como se podía prever, con la consabida pregunta de quienes lo veíamos desde el otro lado de la pantalla:

¿Pactado o no pactado?

Un vez más, el tú más y el yo mejor, estuvo latente, arrojándose a la cara las tinieblas de cada partido y de cada uno de ellos como responsables de lo que representan. Tal fue así, que me recordaron a las antiguas pírricas (danzas griegas que imitaban un combate).  Así fue, una simulación de debate, que nada nos decía de nuevo, a excepción de cuatro frases cruzadas en forma de hirientes lanzas.

Las heridas partidistas  cobraban  la factura en el plató, en esa imitación de duelo  obsesivo, por lavar las caras ensuciadas. Tanto el uno como el otro, jugaron al digo Diego, Diego dijo, alguien dijo yo no dije y en tanto lanzaron los balones fuera a ver quién daba la última patada.

foto del debate entre Sanchez y Rajoy
foto del debate entre Sanchez y Rajoy

En su condición de presidente del gobierno, el señor Rajoy, bailó su danza a tropezones, con un discurso aprendido, nada convincente, dirigido a la parte más vulnerable de la economía: el empleo., el cual pretende hacerle crecer con ecuaciones mágicas, cifras disparatadas y tasas inexactas de crecimiento. Lo que demostró su apología de cortoplacista.

Con sus alegatos demostró que se mueve en registros irreales y no conoce la verdad de la calle.

Pedro Sánchez le dio una  soba, muy comedida con efecto boomerang. Refiriéndose  a los recortes, le disparó al centro del corazón: “usted  va a recortar en  todo menos en la corrupción”. Ante tales estrategias extravagantes de simulación americana, el líder del PP ni si inmutó, no tenía por qué, dado que ambos debían callar por el oscuro pasado de los suyos.

Las instituciones se han hundido, entre unos y otros se han encargado de que los españoles perdamos la confianza en los representantes, que debieran de dar ejemplo de espíritu patrio y no de ambición personal, privada e intransferible.

Lo más significativo para mí, fue la referencia de ambos a los sueldos o empleos dignos,  cuya palabra fue utilizada muy alegremente, sin ser conocida por las clases políticas españolas.

Hablar de empleo y sueldos estratosféricos, como los de ambos, fue dañino para los oídos de esos millones de españoles que están esperanzados de que alguien les den un empleo, que cubra sus necesidades más básicas.

Para finalizar, decir que “España está enferma, porque los oídos no sirven de nada a los cerebros sordos”

Rosa Ruiz Esteban es escritora*

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