España en serie

Rosa Ruiz Esteban*

España en serie, defectuosa por efecto miedo, se repite en las elecciones. Los españoles no solo son tolerantes y permisivos, también olvidadizos o nada rencorosos, atrás quedaron las fechorías políticas del partido “Repepepera”, con consecuencias socio-económicas. Porque este es un país de manga ancha, donde las quejas se escuchan por doquier y las actuaciones a las problemáticas pocos las aplican.

Candidatos

Afortunadamente esa minoría activista, ha servido para diversificar fuerzas y romper el absolutismo. Pero me sorprende la absolución popular al partido “Repepepera” y a tanta delincuencia organizada, porque perdonar no es olvidar. Recordar es sinónimo de corregir y enmendar errores repetidos. Recordar es aprender y es el mejor camino para evolucionar con éxito.

Hubo un tiempo, aun inacabado, no pasaba ni un día que España no fuera informada de un nuevo caso de corrupción, siendo el partido “Repepepera”, uno de los más avanzados en estas cuestiones

Por todo ello, desde aquí hago un memorándum:

Las cifras de corrupción en nuestro país, nos han demostrado que había (y digo había, porque el día a día ha ido sumando), más de 1.900 imputados en casos abiertos. De ellos, 170 fueron condenados, sin pasar por prisión, únicamente fueron multados o en sus mejores casos inhabilitados temporalmente de sus cargos.

Con gestiones nefastas, saqueos a la televisión pública y construcciones de aeropuertos sin aviones, fueron hundiendo en la miseria a una España desvalijada, que seguían desplumando inhumanamente, mientras se llenaban las bocas y proferían a los cuatro vientos mejoras invisibles.

Sus alforjas iban repletándose de dinero sucio, robado a todos los españoles, a esos que quedaban sin ayudas sociales, sin casas, sin prestaciones sanitarias, sin empleo y sin esperanza.

Mientras tanto, España se sumergía en un escenario dantesco, más parecido a los cuentos de piratas que a otra cosa. Tales fueron las puestas en escena, que todo el mundo creyó estar viviendo el rodaje de una película de Al Capone.

A día de hoy, muchos de nosotros seguimos introducidos en esa quimera, que se empeñaron en dotarle con nombres de dibujos animados, árboles, etc…

En Galicia, el caso “Pokémon”, evocaba a los fantasiosos y famosos animalitos de colorines diversos, no sé si la adjudicación del nombre era una estrategia neurolingüística, para hacer creer a la población que éramos idiotas o bien que de aquello que se hablaba era un juego de niños con final feliz. Evidentemente el final, no dista mucho de aquel preludio, dado que el resultado de las elecciones demuestran que somos un pueblo dotado de fantasía, más que de realidad y capturados en esa trama novelesca, estamos convencidos que todavía están por llegar los más perversos a salvarnos de la invasión destructiva de la maléfica pandemia generacional político social.

A lo mejor, confiamos en “la Banda de los Trajes” (caso Gürtel), por ser uno de los grupos de delincuentes mejor organizados y enlazado de comunidades. O lo mismo confiamos en la “Banda Bomsai”, “Palma Arena”, “Andratx”, “Cañellas/Sant ELM”, “Bitel”, “Escala”, “Turismo joven”, “Ibatur”, entre otros.

Entre 1999 y 2012, “La Banda de las Tarjetas”, quemaron 15,5 millones de euros, que bien hubieran servido para generar empleo, reforzar la educación, los servicios sanitarios o sociales entre otros, en lugar de aumentar los recortes. Pero los peliculeros españolitos, seguíamos esperando que nuestro Robin Hood saliera de la pantalla a repartir un poco de su botín.

¿A caso los españoles somos adictos al sufrimiento humano social?

*Rosa Ruiz Esteban es escritora

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