Inadmisible agresión

Rosa Ruiz Esteban*


 

Ayer tarde Rajoy era agredido en Pontevedra, una agresión fuera de lugar que me recordó al famoso puñetazo, que Jesús Gil lanzó a José María Caneda, gerente del club de fútbol de Compostela, en el año 1996. Aquello fue la primera explosión de la caja de Pandora, que descubriría el lado oscuro del fútbol.

La opacidad política hace mucho que se ha descubierto, aun así, el pueblo ha sido tolerante y comedido en sus manifestaciones, que no han ido más allá de gritar o proferir sus lamentos. Lamentos no escuchados, rebozados  con cifras de sueldos desorbitados, grandiosas comidas, estupendas vestimentas y magnificas vacaciones, que todos merecemos.

Rajoy es agredido en plena campaña electoral
Rajoy es agredido en plena campaña electoral

Desde el pacifismo, más pacifista de la paz que nos caracterizan los últimos tiempos, existen esporádicas agresiones que confirman el descontento social  del hacer político. Y, que conste que no justifico ningún tipo de ataque físico, pero dadas las circunstancias innegables, insultantes e irrespetuosas  hacia los gobernados, lo raro era que esto no hubiera sucedido con cualquier otro representante del pueblo anteriormente.

El pueblo está harto. Y está harto de escuchar canciones rayadas y enfermizas, lanzadas a los cuatro vientos como si se tratase de música tocada por la mejor banda sinfónica mundial. Las tomaduras de pelo son tantas y tan frecuentes que ya no es preciso estar demente, para levantar la voz. Aunque esa debiera levantarse en las urnas.

Las urnas son el vínculo, pueblo- políticos y el muro de lamentos dónde debemos dejar nuestras quejas. Y valga esto para desaprobar los embistes inapropiados. Porque si no hay razón para dejar a un país en las condiciones socio-económicas que estamos, tampoco hay motivo para lanzar atasques individualistas que no conllevan a nada.

Dados los últimos acontecimientos, vistos los últimos debates políticos y aproximándose ya la fecha de elecciones, esto cada vez se va pareciendo más a los famosos derbis futbolísticos, donde los aficionados pierden los papeles e incendian gradas, insultan a los jugadores o agreden a los árbitros. Ya lo dije días atrás en uno de los artículos anteriormente escritos, donde comparaba la política, o más concretamente los debates políticos, a partidos de fútbol. Pinchar aquí. Leído todo, recomendar, respeto.

*Rosa Ruiz Esteban es escritora 

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