El dominio del dominó

Rosa Ruiz Esteban*


 

En estos días, más que nunca, se ha visualizado el nacimiento de una auténtica democracia. Azul, rojo, verde, negro…,  se han fusionado bajo los designios populares. Un aforismo irreversible cuyos resultados comenzarán a verse próximamente.

El Parlamento ha sido invadido por los matices del pueblo, rompiendo la trayectoria ideológica bipartidista y colorista de una España contrapuesta, anclada en las reminiscentes heridas de una guerra,  que seguía coexistiendo en el presente con las claves del pasado, mirando al ayer mucho más que el momento actual o futuro.

El arcaico ambiente, rancio y obsoleto de la representación popular, cambió en estos días, para ver el reflejo real del pueblo español, cuya diversidad y diferencias son tan tremendas, que parecía no haber cabida para él en los ególatras espacios políticos, que por una vez, han emanado esos bisos de humanidad, de gente de a pie de carne y hueso que vive, piensa y sufre como los demás, con las mismas necesidades vitales.

Carolina Bescansa, no sé si intencionadamente o de manera involuntaria, aportó su toque de guardería congresista, tal vez con el fin de que su bebé sea en el futuro un político de cuna, nunca mejor dicho…

Dicha actitud ha sido muy criticada, juzgándola como una estratagema política, un eslogan fuera de campaña, no financiado, nada más que por ella misma, para hacer ver a todo el mundo el doble peso de las madres trabajadoras. Y el modo de reflejarlo era tal cual, con la presencia del niño.

Yo me pierdo en estrategias y rollos semejantes, pero si debo opinar al respecto, debo decir, que no le veo coherente dado en los registros de igualdad y ejemplaridad, que su partido se mueve. De otra parte, hay muchas madres trabajadoras, con familia numerosa e hijos muy seguidos y no pueden ni deben, por el riesgo que ello puede conllevar presentarse en el trabajo con sus hijos.  Imagínense a una cirujana dando el pecho a su bebé, mientras extirpa el riñón a un paciente. O una policía deteniendo a un agresor, en tanto lleva a su nene en plan mochila colgado en la espalda…

Repetir este evento me parecería una mala fotografía, un mal ejemplo y una ofensa para esas otras madres que trabajan y no tienen los privilegios de una señora diputada, que dispone de una guardería en el mismo Congreso.

Bienvenida sea esa efigie de frescura y naturalidad, vista en el Parlamento. Pero no nos pasemos siete pueblos, ni se nos vaya la pinza con cosas realmente innecesarias. Porque esto puede degenerar y terminemos viendo a los señor@s  diputados con sus bisabuelos, abuelos, perros y mascotas diversas en las sesiones parlamentarias.

*Rosa Ruiz Esteban es escritora 

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