La España danesa

Caricatura de Ares

Fath El Hamzaoui


 

Si algo queda claro  tras acabar una carrera de ciencias sociales es que la sociedad es un entramado complejo y sus elementos no son independientes. En las Ciencias Políticas se estudian a fondo los sistemas comparables, siempre desde una perspectiva de la complejidad racional.  Un aspecto destacable es que las diferencias entre dos sistemas no siempre se pueden resolver de forma mágica copiando fórmulas y aquí es donde erradica una  demagogia electoralista por la mayoría de los partidos políticos españoles, economistas  y tertulianos de platós de televisión que creen estar en posesión  del título de  chamán capaces de resolver  la crisis económica y social que atraviesa España.

Los países que más han sonado entre estos actores políticos han sido Dinamarca en el ejemplo de creación  de empleo, Alemania en el sistema productivo y Finlandia en el sistema educativo.  Tal como si fuera  una ensalada mediterránea la trampa consiste en apostar por según qué país europeo nos interese  más y si existe falta de consenso no importa cruzar un océano para poner de ejemplo a EEUU.   Si nos centramos en Dinamarca, un país con una tradición económica muy  distante de la española,  una cultura socialista (en el verdadero sentido de la palabra) y un  civismo patriótico que todavía no conoce cierta parte de la España corrupta arropada por el Partido Popular.  El país escandinavo se construyó con el diálogo entre las diferentes  posturas políticas, con un gobierno de coalición entre los socialdemócratas y los liberales. Desde 1909 cuenta con gobiernos en minorías o con coaliciones,  con más de un siglo de democracia sin  gobiernos de mayoría absoluta,  cuando en la España del siglo XXI todavía se comparte el miedo al gobierno de las coaliciones y se exigen desde los partidos  tradicionales un   gobierno estable,  aquí es donde apreciamos la demagogia. La estabilidad que supone  un recorte en los derechos de los ciudadanos y su empobrecimiento no es una estabilidad democrática, sino corrupta  y enfermiza que supone el cáncer para la propia democracia.

Caricatura de AresEl modelo productivo es el problema  básico de la economía española y el cual hay que rectificar y repensar. El modelo de turismo y hostelería es altamente dependiente de  otras economías y habría que acentuar este problema como punto de partida.  No es necesario escapar hasta Escandinavia  buscando modelos  que asimilar en un país donde  no es posible su encaje, con observar  los modelos que funcionan España basta para comenzar a crear un tejido empresarial diferente. En el norte de España el modelo vasco se ha caracterizado por su eficacia y progreso desde hace décadas, incluso ha resistido  a la dictadura franquista.  El turismo es un factor importante para el país vasco pero no es determinante, la  industria pesada y tecnológica  han caracterizado esta zona y  gracias a ello su modelo se puede diferenciar del resto de España.

España debe apostar por un modelo productivo y de distribución de renta, donde debe poner fin a la dependencia de la economía del turismo.  Necesita un gobierno capaz de armar un nuevo tejido empresarial basado en la apuesta por las nuevas tecnologías, el desarrollo de I+D+I  y las energías renovables, un sistema ecológico y un modelo  propio, sin escapar a terceros. Pero para ello requiere una cultura de miras hacia el futuro, una valoración del arte y del civismo,  una mentalidad  constructiva con  diálogo y la apuesta por la igualdad, sin olvidar que todos los elementos  que crean una sociedad libre son dependientes. La estabilidad de una democracia dependerá de los nuevos políticos que deben apostar por una transición regeneracionista del estado español, aferrándose a los verdaderos valores de la democracia y sin olvidad que  la política es y debe ser un instrumento de resolución de conflictos y  no una problema para el pueblo que lo sufre.

@hamzawi

[news_list show_more=»on»]