Un mundo de miserias

Rosa Ruiz Esteban es escritora*


 

En un momento determinado, Mahatma Gandhi dijo, que la Tierra tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no las ambiciones de unos cuantos. Y, mirando lo que está pasando con los refugiados e irregulares, le doy toda la razón.

En lo que va de año son muchas las pateras que han llegado a las costas mediterráneas, buscando ayuda. Pero a estas alturas de ver tanta inmigración irregular y tantos rechazos surgidos de todas las partes, parece que nos hemos vuelto insensibles, y escuchar o ver  más de lo mismo cae sobre mojado, sin causar el más mínimo efecto en una población acomodada, que no quiere ver sufrimientos ni reconocer la parte de responsabilidad que les concierne.

Todos, salvo escasas excepciones, confían en la divina providencia para tales asuntos. Pero ella queda lejos de solucionar lo que nos pertenece a los humanos, que de no ser solidarios nos devoraremos entre sí.

Nosotros somos los hijos de las deidades y nos corresponde tomar la vara de mando para continuar las obras iniciadas por ellos: Reconducir a una sociedad perdida, sumergida en ambiciones diversas, cegada por el afán de destacar absurdamente en algo. Y ese algo, pudiera llamarse “soy más que usted” por no tener que huir, viajar o escapar a otro lugar lejos de donde nací, sólo por el simple hecho de querer sobrevivir.

El mundo se ha globalizado malamente en la inmensa dimensión de las injusticias y engaños, siendo especialistas en tales asuntos los vendedores de humo, encargados de embarcar en ruinosos barcos o pequeñas gabarras a una tremenda carga humana, incapaz de soportarla. Embaucados en un sueño imaginario, vendido a precio de platino y diamantes, flotan hacia la incertidumbre del desarrollo más subdesarrollado del alma. Y cuando llegan a las “Costas Burrocráticas”, tropiezan, en el mejor de los casos, con la muerte de sus sueños y esperanzas, que otros ni siquiera llegan a contarlo.

No, no me he equivocado al escribir Burrocráticas, que es la definición dada, de un sinfín de complicados trámites justificativos, cuyo fin es la devolución más vergonzosa. De un lado y otro, facturan vidas, igual que fardos de baratas mercancías, cuyo destino es algo insustancial.

El mundo se ha globalizado, vuelvo a repetir, pero esa Globalización no busca otra cosa que ocultar la riqueza de unos pocos, a costa de ratificar la pobreza y miserias de otros.

*Rosa Ruiz Esteban es escritora

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