¿Conseguirá el virus Zika lo que las mujeres llevan décadas peleando?

Carlota Merchán*


 

Cuando ya casi nos habíamos olvidado de la epidemia del virus Ébola, la Organización Mundial de la Salud decreta situación de emergencia por el virus Zika. La región más afectada es América Latina y el Caribe, 23 países afectados, siendo Colombia el país que más número de casos ha registrado hasta el momento.

La enfermedad por virus Zika se contrae a través de la picadura de mosquitos del género Aedes. Esto ya supone una importante diferencia respecto a la enfermedad por virus Ébola desde el punto de vista epidemiológico. La enfermedad cursa con una sintomatología de gravedad relativa para la mayoría de los casos, pero adquiere una especial gravedad cuando afecta a mujeres embarazadas.

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Los gobiernos de los países afectados aconsejan a las mujeres no quedarse embarazadas. Como si esto fuera tan fácil y como si dependiera de las mujeres decidir sobre su salud sexual y reproductiva. Hablamos de una región donde las relaciones sexuales se dan de manera amplia, en relaciones desiguales y en muchos casos en realidades de violencia.

Como consecuencia de ello, en torno a la mitad de los embarazos en la región son no deseados y la tasa de embarazos adolescentes, madres de 15-19 años, supera cada año el 18% de los recién nacidos. Muchas de estas jóvenes además, terminan suicidándose antes de cumplir los 20 años. Descargar en las mujeres la responsabilidad de evitar embarazos en países que están lejos de garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres suena cuando menos a despropósito.

El acceso a métodos anticonceptivos no está generalizado en una región en la que la interrupción del embarazado está mayoritariamente prohibida y castigada con penas de prisión. Recordemos el caso de la niña paraguaya de 10 años que quedó embarazada tras ser violada por su padrastro y que fue obligada a dar a luz. Cada año se realizan alrededor de 4,4 millones de abortos en América Latina y Caribe, el 95% en situaciones de clandestinidad, y que suponen la muerte de alrededor de 5.000 mujeres. Todas las cifras son alrededor de o clandestinas como lo son las condiciones en las que las mujeres se ven obligadas a poner en riesgo su vida.

Una vez más, son las mujeres las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Mujeres que escasamente tienen acceso a métodos anticonceptivos aun estando disponibles, que escasamente acceden a seguimiento prenatal con ecografías que pudieran diagnosticar la microcefalia que parece ocasionar el virus Zika, lo que no sería además antes del tercer trimestre de gestación.

No llegan a media docena los países de la región que permiten la interrupción del embarazo en casos de malformación fetal, suponiendo que ésta es diagnosticada. Las mujeres son abocadas a circuitos de marginalidad en los que ponen en peligro su vida y que las sitúa como delincuentes estigmatizadas.

El riesgo de que las muertes por abortos clandestinos en una región incrementen como consecuencia de la enfermedad por virus Zika es una de las mayores y peores consecuencias que puede enfrentar la región. La propia Organización de Naciones Unidas ha pedido a los países que provean de acceso a métodos anticonceptivos y autoricen el aborto.

¿Están dispuestos los gobiernos de la región a poner en riesgo –aún mayor que el actual- la vida de millones de mujeres por los prejuicios religiosos que sostienen la oposición a los derechos sexuales y reproductivos? ¿Conseguirá el virus Zika lo que las mujeres llevan décadas peleando?

El virus Zika pone luz a la realidad de las mujeres en relación a sus derechos sexuales y reproductivos en América Latina. Una realidad a la que se oponen iglesias de diferente color, gobiernos revolucionarios, de izquierdas y derechas. Los Estados están obligados a garantizar los derechos humanos de sus ciudadanos, no a ponerlos en peligro. La comunidad internacional también tiene un papel en la defensa de los derechos de las mujeres de América Latina, debe apoyar las recomendaciones de la ONU y la garantía de los derechos sexuales y reproductivos. Las mujeres de todo el mundo estaremos ahí, apoyando la lucha de las mujeres por sus derechos que son los de todas y todos.

Carlota Merchán es concejala de la ciudad de Madrid

Puedes seguir a Carlota en twitter: @CarlotaMerchn

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