Cueentos políticos II

Rosa Ruiz Esteban*


 

Érase una vez, un galán de a pie, admirado y perseguido, por su físico querido. Un Hombre de abanderamiento, que sin aparentes agotamientos, de las féminas ganó la admiración. Vamos…, un guaperas sin fronteras.

Todo en él era afloramiento, no les miento, comparen vuestra merced. Sin excesos ni recesos, tomó el camino del alcanzamiento, ¿cuál si no? Y en esas, como un portento, en político del momento se convirtió. Donde su arte y fisonomía sirvió de garantía para avanzar mucho mejor.

Licenciado, economista, poliglota y activista a la lista socialista se sumó, donde de amigos se rodeó.

Y, ahora que lo pienso, no fue rápido ni fácil el ascenso, dado que no hubo consenso. Un amigo se interpuso, él repuso un abuso con firme alegación. E inconcuso afirmó:

  • Ni amistades, ni hermandades, es la ley de las maldades, que aquí todos queremos ser autoridades.

Diciendo aquello, a Gómez destituyó, para proclamarse campeón. Y sin quererlo, ni pretenderlo…, por su carita bonita fue nombrado Secretario General del partido de las hormiguitas (obrero). Donde criticas recibió.

Fue un Carmona berreona, a quién más se le oyó, con una dialéctica chinchona a Tomás defendió. Pero en postura comodona Sánchez calló y prosiguió. No era asunto de chillones, ni tampoco las misiones, pero si alguien tenía riñones, era Sánchez a montones y todo le resbaló.

Ya era casi evidente, se presentaría para presidente. Y en tiempo de elecciones sacaría los cojones.

¿Qué iba a hacer?

Puño cerrado, rosa en mano, con discursos alcistas, en un tono bienquista, conquistó a la población, que desengañada de políticas, un poco en él confió.

Ya lo dijo un experto: “Los líderes más aclamados, siempre fueron los más guapos. A los feos e inteligentes los tragaron a regañadientes”

Inteligente o no, nota pronto tomó. Y, en un pispás, gano la admiración, para unos por supuesto, para otros no. Pero él calzó las botas y con listos e idiotas batalló. Porque el muchacho era currito, con voraz apetito y deseos de triunfar. Y en sus batallas verbales, dosificó los sueros medicinales, no se fueran a plagiar. Y, algún que otro boquirrota hubo de callar la boca, eso sí, sin palabrotas,  porque Pedrito era un truchimán.

Las Generales se celebraron y en escaños el segundo quedó. Fue algo consecuente de los discursos de frente, donde el florón se le vio. Y aunque se había visto el primero, quedó de agostero y no le importó, dadas las circunstancias, que obligaban a pactar y sin mucho tardar. Sin mayorías no habría envestidura, si abatidura de no negociar. Y a él le estaba favoreciendo, tanto rollos y tormentos correspondientes a la corrupción, la cual le dio un último estirón.

Como segunda alternativa, proclámose indiferente ante pactos reverentes.  Y entre encuestas y propuestas Pedrito el tiempo perdió. Entre tanto el “Coleta”, así se determinó:

  • Este cargo y otros cargos, son los que quiero yo.

Fue escuchar aquello y ¡Ay Dios mío la que se armó!  Nadie en el asiento paró en, ni la lengua quieta dejó.

  • Que si piden sin tener, votos para pretender….vaya geta el Coleta
  • Vaya tipos, vaya equipos nos quieren proponer. Yo no acepto, soy adepto a marcar mi voluntad y quien quiera que rebaje su monodosis de “Grand”…

Y así pasó un tiempo con espontáneos contratiempos. Unos proclamaban negociación, con derechas coalición. Al “Coleta”, venga tretas, que con su sencillez y humildad le vio un fuerte rival y eso a él le venía muy mal, que sin derivas soberanistas, en exceso absolutista, no deseaba compartir peso, y mucho menos gobierno…

El Coleta siguió con la exposición:

  • Cuentas abiertas, pactos televisados….,hay reclamos y proclamos, mientras todos Podamos

Pronto se oyeron lamentos:

  • “Vaya, vaya el jovenzuelo, no pierde tiempo el pilluelo. Quien reparte y reparte, se queda con la mejor parte”.

Él no cayó la boca, sería cosa de idiotas. Coherente y vehemente continúo con el exponente:

  • Derogación de la ley de la reforma laboral. No más recortes sociales, no seriamos leales, ni haríamos bien, eso sería atracar a quienes nos dan de comer.
  • Este chico es juicioso, pero viste peor que un oso – dijeron los viejos del lugar.

Al oír tanto reclamo, Pedrito tachó a Pablito de gallito parlanchón. Y el tiempo siguió pasando, y Mariano gobernando, por no encontrar la coalición, las uniones entre pactos.

Entre tanto Pedrito siguió en su corralito, que empezaba a discrepar por  tanto ambicionar, bailando con Albertito y también con Pablito de acá para allá, izquierda derecha, derecha izquierda, parecía un viejo baile llamado la Yenka.

Ahora subía, ahora bajaba, dale que te pego, justo hasta las terceras rebajas.

Con urgencia negociaron políticas de Estado, que Mariano estaba de prestado

Ay rebaño, no es engaño, siempre os dije la verdad, que quería  gobernar.

¿Qué sucederá al final?

*Rosa Ruiz Esteban es escritora

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