España y olé

Rosa Ruiz Esteban*


 

¿Quién dijo que España es un país de pandereta, toros y olé? Quien inventara tal frase, no conocía la verdadera España:

La España masoca, repetidora del  mortífero y lento dolor impartido por los más prestigiosos dosificadores internacionales, ya conocidos en todos los lugares del planeta, por su gran labor choricera, con chorreras y sin ellas, mangantes convertidos en magnates, con el beneficio de un pueblo que le va la tralla, de bocas grandes y pensamientos estrechos, cuyas seseras aplauden a los malos malotes de esta mísera película viviente de miserables “insidiosos”, corruptos y malolientes, cuyas referencias se esparcen por doquier, con el reflejo de esa depravación engendrada en lo alto de lo más alto, descendiendo y subiendo en un celomático ascensor infrenable.

En España, que se entere todo el mundo, hace tiempo que dejaron de sonar las panderetas, los glamurosos olés y hasta las corridas de toros o actos anexos a ellas, son aprovechados para reivindicaciones horteras y no hoteleras, que nos vendrían mucho mejor para mejorar el turismo y beneficiar el mercado laboral del país y del sector. Pero todos los sectores, los internos y los externos, están en una espera desesperante, pensando quizá, que el masoquismo popular ya ha tenido bastantes flagelos y ahora sin revanchas pero como efecto de las causas, que haber hay muchas, romperá la fusta y cogerá el zumbel, porque por equidad debería ser su turno.

Pero la estación de recogidas sólo existe para los contratados políticos, esos, que aun teniendo asegurada la manduca, la casa, viajes y otras prebendas, por el generoso plazo de cuatro años, se burlan de sus empresarios, el pueblo. Y en lugar de realizar la labor para las que fueron contratados, se dedican a hurgar y saquear  las arcas ciudadanas. Y para terminar de darnos la puntilla, se llevan el botín, que no a Emilio, a viajar a paraísos fiscales, donde quedan encantados de recoger el tesoro de los españoles, mientras estos no salen de la crisis y no saben si se tendrán que convertirse en bucaneros.

Aunque lo parezca, esto no es un “Game boys” (juego de muchachos, video consolas), ni   ” The Vandi Crow”, esto es la realidad de una España de fábula, que supera la más extravagante ficción imaginable. España ha pasado de ser torera a ser toreada. ¡Olé!

*Rosa Ruiz Esteban es escritora

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