La muerte de la vida

Rosa Ruiz Esteban*


 

A veces muchas veces, me agota la noria repetitiva de los hechos que se van sucediendo a lo largo del tiempo y hablar de lo mismo una y otra vez es una reiteración irremediable.

Para algunos, la vida es una  alegoría, un mal sueño comenzado en tiempos y lugares inadecuados, que les condiciona a decidirse, por morir o seguir en ese camino impuesto al ver la luz. Una luz cegadora, más que iluminadora, un rayo fulminante, abrasivo e incapacitante, que les persigue sin descanso para fulminarlos.

No hay esperanzas, las puertas se cierran, se levantan vallas con concertinas, se colocan espinos más punzantes que las agujas, murallas más altas que el cielo, cualquier elemento que lastime el cuerpo humano es válido, para inhabilitar sus esperanzas y a ellos mismos, en ese camino de la supervivencia.

Atrás quedan las palabras y tratados. Y por citar alguno de los más significativos, haré mención del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el cuál dice así:

“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

 La asamblea general  proclama la presente declaración universal de los derechos humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

Palabras, solo palabras que dejan flotando en las aguas a miles de muertos, que no son algas, son niños ahogados, en las frías corrientes marinas, de un destino inoportuno, que no les ha dado el beneplácito de vivir. Y ese es el ejemplo y la educación humana que estamos dejando como referente a una generación resentida en valores humanos. De nada valen las firmas, ni tratados, si la voluntad de quienes pueden solucionar los problemas no es real.

Desde aquí, me gustaría tender una mano a los que queden con vida, para servirles de flotador, de balsa rescatadora o como bomba de oxígeno. Este escrito  ojala pudiera servir, una vez más, como denuncia  tentaculizadora de las más altas esferas, para evitar esas vallas burocráticas, que lo único que hacen es provocar guerras frías y deshumanización. Matando la vida y dando muerte a los que intentan quedar con ella.

*Rosa Ruiz Esteban es escritora

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