La islamofobia solo favorece a Daesh

Ibrahim Kalın*


 

El terrorismo ha vuelto a atacar. Esta vez en Bruselas, después de los recientes atentados en Ankara y Estambul. Estos actos de terrorismo desvelan otra vez la característica frágil del mundo en donde vivimos. Pero al mismo tiempo, subrayan la urgencia de desarrollar nuevas políticas en contra de terrorismo en todas sus formas.

Se podrían sacar tres lecciones básicas de este reciente acto cobarde inhumano. Antes que nada, la estrategia anti-DAESH necesita una revisión. No hay duda de que esta lacra tenga que ser destruida. Los países musulmanes y occidentales necesitan trabajar juntos para eliminar el DAESH, Al Qaeda y parecidas organizaciones terroristas, no importa que estén en Siria, Irak, Somalia, Francia o Bélgica.

Sin embargo, la estrategia actual basada mayoritariamente en ataques aéreos contra las posiciones del DAESH en Irak y Siria no ha podido prevenir que el DAESH atacara en Siria, Turquía, Europa y EEUU. La guerra en Siria continúa alimentando al monstruo llamado DAESH. Más permitamos que la guerra siga, más letal se hará el terrorismo del DAESH. Éste ha alcanzado su nivel de red de organización e impacto básicamente a causa de la guerra en Siria y los graves problemas de seguridad y política en Irak.

No obstante, el terrorismo del DAESH no debe hacer que olvidemos el hecho de que el régimen de Asad en Siria ha matado a alrededor de 400.000 personas, una cifra más alta que el saldo dejado por cualquier otro grupo terrorista. Además, ha convertido a millones de sirios en refugiados y desplazados internos. Ignorar este horrible concepto en nombre de combatir al DAESH está profundizando el sentimiento de alienación y resentimiento. Paradójicamente, el apoyo irano-ruso para el régimen sirio está sustentando al DAESH que considera la invasión estadounidense en Irak de 2003 como la justificación de su existencia.

En segundo lugar, no hay terroristas ‘malos’ o ‘buenos’. Sin considerar los motivos étnicos, religiosos o políticos, el terrorismo es terrorismo por todas partes. No es lógico, ni ético tratar el DAESH como una banda terrorista que atacó en París y Bruselas, y no hacerlo mismo con el PKK que ha atacado dos veces en Ankara en los últimos dos veces. Permitiendo que el PKK manipule el sistema en Europa, los países de la UE fallan en el examen de la consistencia frente al terrorismo.

El terrorismo del PKK no puede ser justificado en nombre de la lucha contra el DAESH en Siria.

Como lo han mostrado los recientes ataques en Ankara y Estambul, el DAESH y el PKK – aunque proceden de fondos ideológicos opuestos – están unidos en su terrorismo dirigido contra Turquía.

En este caso, el compartimiento de la inteligencia y la colaboración antiterrorista con las claves para prevenir futuros incidentes. Como quedó claro después del 22M en Bruselas, las autoridades belgas no pudieron actuar sobre la inteligencia de que Turquía otorgó una nota oficial indicando que uno de los kamikazes (Ibrahim El Bakraoui) era un terrorista foráneo que primero fue arrestado en Gaziantep y deportado a Holanda por su petición.

En los últimos tres años, Turquía ha deportado a más de 3.000 personas y declaró a otras 37.000 como personas de entrada prohibida por supuestos vínculos con el terrorismo. La buena parte de estas personas procede de los países europeos.

En tercer lugar, la reacción antimusulmana después de cada acto terrorista hace el juego directamente a los extremistas violentos. Los islamófobos europeos y americanos no gastaron tiempo para usar los recientes ataques terroristas para manipular los sentimientos antimusulmanes en beneficio de sus retos políticos. Los discursos homogeneizadores sobre el Islam y los musulmanes perjudican la batalla contra la radicalización y el extremismo violentos. Eso aleja a la gran mayoría de los musulmanes y sirve a los extremistas. La esencialización del Islam no solucionará ningún problema político, ni incrementará nuestra seguridad. Y más, el DAESH no recluta a miembros únicamente por teología como manipula los hechos políticos y recluta a los criminales de menor consideración, aventureros y vagabundos de todo tipo de vidas. La violencia no necesita la religión para justificarse.Los estudios exponen que los extremistas derechistas matan a más gente que los terroristas de nombres musulmanes.

Lo peor es que la islamofobia y el racismo antimusulmán se han convertido en un área de manifestación tanto para los ultraderechistas y los izquierdistas del Occidente. Los conservadores ultraderechistas invocan la pureza étnica y religiosa frente a las comunidades musulmanes y los críticos ultraliberalistas recurren al feminismo y secularismo, entre otros, a fin de demonizar a los musulmanes. Lo que une a estos aliados diferentes es su estereotipación colectiva del Islam y los musulmanes.

Atrapados entre el extremismo violento y el racismo islamófobo, los musulmanes ordinarios se hacen víctimas por segunda vez. En una parte, sufren de los ataques brutales del DAESH en los lugares como Siria e Irak mientras el DAESH ha matado a más musulmanes que los no-musulmanes. Por otra parte, los islamófobos, que usan el terrorismo del DAESH como un punto político barato para discriminar a los musulmanes normales.

Los musulmanes siguen reprochando el DAESH y siempre lo han hecho. Cada vez que ocurre un atentado terrorista, los musulmanes son hechos potenciales sospechosos. Pero, cuando se trata de la misma cosa en el caso de los neonazis alemanes, eso no se hace verdad. Tampoco en Breivik y los noruegos, como el KKK y Timothy McVeigh y los americanos. Los terroristas europeos y americanos son evaluados sin hacer casi ninguna referencia a sus identidades culturales y religiones. En fin, el terrorismo del DAESH y la industria de islamofobia se alimentan uno al otro.

El informe de Islamofobia en Europa divulgado hace poco por la Fundación SETA ha demostrado que la islamofobia se está expandiendo y que se convierte en un objeto de las políticas opositoras, periodismo sensacionalista y segregación confesional en Europa.

En cuanto a las dinámicas electorales en EEUU, la situación no es tan diferente. El candidato republicano al presidente se avanza usando las políticas de miedo y hace omiso a los musulmanes estadounidenses que pagan su impuesto.

La instrumentalización de la sensibilidad islamófoba en el Occidente podría traer beneficios políticos a corto plazo, pero creará problemas más graves a largo plazo. La lucha contra el terrorismo debe continuar, pero dentro de la congruencia y eficiencia.

Acusar  a las víctimas y manipular el odio público por el oportunismo político no servirá al bien común.

Ibrahim Kalın es portavoz de la Presidencia de Turquía

Fuente: TRT en español

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