Más cuentos políticos

Rosa Ruiz Esteban*


 

No era Amy Winehouse cantando Rehab, aunque por la reiteración monosílaba negativa nos lo recordó: Y no, no, no, no…Tal negación repetida 500.000 veces podía haber sido el estribillo de cualquier melodía, dada la musicalidad entonada en la repetición, salida de esa boquita de piñón, tan cándida y sumisa a las peticiones maritales. Y es que ella era una princesita ignorantita, educada y discretita y de las buenas la mejor.

Por supuesto que hablo de la niña del balón ¿de quién si no? ¿Recordáis su historia? ¿NOOoooo?

Pues así la viví yo:

  • Dios mío qué flechazo, ese joven mola un mazo. Si no se fija en mí no tendré fin – dijo para sí.

Cuando aquello ocurrió, él jugaba al balón, le vio tan guapo que creyó estar en una ensoñación, con deporte y unión. Y así empezó el culebrón:

Él el balón portaba y ella regateaba… “Qué buena pareja, sin dobleces ni quejas”, ja, ja, ja…

Con el tiempo, le llevó a su velero, aunque no de regata, que aún no estaba turulata…y no tardaron en casarse y tampoco en coligarse con socios de Nóos. Viva la coalición…

  • ¡Ay qué errores hizo Torres!

Se lamentó el jugador, sin aclarar a nadie si jugaba o no en Nóos. Aunque en la Audiencia así se pronunció, cuando el juez le preguntó:

  • Son infundios, yo no tengo latifundios y eso se lo digo yo. Palabra de HONOR.

Fue en la última palabra, que el duque el tono subió, remarcando el contenido en un tono mantenido, sin arranques ni berridos, guardando su glamuroso “Don”.

Ya estaba todo embrollado, de tal modo que a la duquesa imputaron. La imputaron y no imputaron, teniendo en cuenta el Estrado, que aquello era otro follón.

Y para follones los de Palacio, donde buena se armó. El rey muy enfadado, allí los recibió:

  • Tanto espacio en Palacio para intrigas y traspiés, tu entrando y saliendo de aquí, de Marivent. Y citando autoridades sin nada yo saber ¿Cómo eso fue?

El duque conmovido, avergonzado y herido, quedose enmudecido. Pero el rey prosiguió y en el siguiente discursó con la duquesa se encaró:

  • No hay derecho del cohecho, eso nunca lo hubiera hecho yo.
  • ¿Qué me dices? No te flipes, que la de los amantes no fui yo.
  • Vaya lengua desatada, siendo tu tan recatada – protestó la reina madre.
  • El cohecho ya está hecho, busquemos la solución – propuso su Majestad rápidamente, quitando hierro al asunto, no fuera haber difuntos…
  • Yo os pido un respiro, de lo contrario expiro – rogó la Reina.
  • Ya lo decía yo – pensó el rey sin pronunciarse.

Y volviendo los ojos al cielo la reina suspiró:

  • ¡Ay Señor! Qué vida más perra, poca paz y tanta guerra.

El rey siguió hablando:

  • No valoraste tu suerte, ni tu actitud como consorte. añadió el rey dirigiéndose al duque.
  • Ja, ja, ja…, qué suerte más noble, sin plata ni cobre. No quiero consorte, sino una buena dote- protestó el duque.
  • Nos traicionó el infamé – pensó el rey en voz alta.

Arrepentido de sus palabras, el duque quiso enmendarlas:

  • Inexactas mis palabras, para hombre de tanto bien, como vuestra merced.
  • Qué compota sin pelota, ahora quiere hacerme la pelota – dijose para sí el rey.

Sin querer ofenderle, el rey le respondió también:

  • ¡Ay pelmazo!, te pasaste un buen pedazo, solo por poner el cazo.

La conversación dio para mucho, pero para no enredarnos sigamos con el asunto, que no se solventó y a la duquesa nuevamente llamaron para su testificación, quien respondiendo a lo que se la preguntaba así se expresó:

  • Soy conciudadana, no aldeana, ni arpiana, que soy de la realeza y lo demás son bajezas – añadió ante las acusaciones.
  • Pues para ser de la realeza, qué fiasco, todos chupando del frasco – pensó el señor juez.
  • Pero dígame alteza ¿no miraba lo que firmaba?
  • No, no, no y no. Allá donde él me indicaba, la rúbrica marcaba.

Durante la comparecencia 579 veces la duquesa respondió: no sé, no me acuerdo, no me consta, no, no, no y noooo

  • ¿Tiene usted conocimientos jurídicos? – preguntó el juez.
  • No – contestó brevemente ella, aun siendo licenciada en ciencias políticas.
  • ¿Sabe usted lo qué es el programa Padre? – preguntó el juez.
  • Me suena, pero no y nooo

Y así siguió y siguió jugando al despiste. Claro… que con tanto tajo, no tuvo relajo para entrar en conversación y aunque el duque buscó un socio,  ella no se enteró. Y, en esa línea que le caracterizaba, los documentos firmó, sin saber ni siquiera que eran de su preferida negación, Nóos.

Mientras la duquesa contestaba, el juez pensaba:

  • Tantos villanos hay dentro que nos quedamos sin cemento para acorralar a toos.

Y de pronto así gritó:

Dios salve a la Duquesa y que se acabe tó. Colorín colorado este cuento se ha terminado

*Rosa es escritora 

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