Mantener el equilibrio

Soukaina El Ouardi


Mantener el equilibro, intentar caminar sobre un tronco de árbol sin caerte, correr por el bosque en la oscuridad aguantando la tentación de mirar hacia atrás, cruzar la carretera cuando casi se está acercando un coche, cerrar los ojos e intentar no pensar en nada. ¿No pensar en nada? ¡Imposible! No se puede mantener el equilibrio cuando intentas ser tú, la misma de siempre, y a la vez ser tú la nueva de ahora. No se puede caminar sobre el tronco de un árbol de manera equilibrada cuando sientes que alguien está a punto de empujarte por detrás.

No puedes estar en el bosque a oscuras y no sentir miedo; ese miedo por lo desconocido, miedo por lo inesperado, miedo por esas cosas que siempre has querido evitar y de repente se convierten en tu realidad, miedo por tener más miedo del que ya tienes. ¿Acaso se puede mantener el equilibrio bajo estas condiciones? No se puede mantener el equilibrio cuando dudas tanto de si cruzas al otro lado, donde no sabes qué sorpresas te vas a encontrar, o permanecer a la espera de que surja algún tipo de milagro que te despeje el camino y te salve del miedo que sientes.

No, no se puede mantener el equilibrio. Cuando siempre has pensado que tienes unas grandes murallas que te protegen y luego resulta que son fruto de tu imaginación; en ese momento odias esa habilidad de imaginar, porque al fin y al cabo te lleva al desequilibrio. Siempre soñaba con mantener la calma en mi pequeño mundo, tener unas bases firmes que ningún viento pueda mover por fuerte que sea. También soñaba con dibujar el sol si algún día no sale, y hasta colgar diamantes por si faltan las estrellas por la noche. Pero al final veo que me he quedado sin recursos; como cuando no te llega para plantar el terreno entero y dejas una parcela desértica y vacía, y la tierra te pide agua, solo un poco de agua. Nunca pensé que podía llegar a tener tan pocas ganas de soñar, será porque mis compañeros de los sueños han decidido vivir en la vida real y dejarse de tonterías… «¿Qué es eso de soñar?» me dijeron.

Mi respuesta fue rápida, porque cuando crees fervientemente en algo lo sabes defender; les dije que soñar es la segunda mitad de vivir, es lo que mantiene el mundo iluminado, es la causa que mueve nuestros actos, es ese hilo invisible que separa entre el bien y el mal, es el alma de la felicidad y es lo que nos mantiene en equilibrio. Ahí pensé: «por eso estoy perdiendo el equilibrio, porque estoy dejando de soñar…».

Tras detectar la razón de haberme perdido, quizás podría volver a encontrar la manera de orientarme, pero desde luego que no encontraré el camino por el que iba antes. Quizás vuelva a estar en equilibrio de nuevo, pero no estoy segura de si debo arriesgarme y cruzar la carretera corriendo.

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