Todos contra todos y todos contra el pueblo

Jaime Barrientos


La toma de Mosul va a ser una carnicería, especialmente para la población civil, atrapada entre dos fuegos, ninguno de ellos amigo.

Me decía un joven refugiado hablando de su guerra, la de Iraq, como me podría hablar de la de Siria o Yemen, que las guerras las provocan políticos viejos y ricos que se conocen pero que a quienes mandan a luchar es a jóvenes pobres que no se conocen de nada.

Y así es siempre en una guerra: lo mejor de un pueblo, su juventud, se desangra por mil heridas. Los profesionales liberales y los ricos, los que podían hace ya tiempo que huyeron de esos infiernos en la tierra. En las ciudades sitiadas ya sólo viven, malviven más bien, quienes no han podido huir.

Los llamados ataques quirúrgicos, las incursiones con drones de combate han dado la vuelta a la tortilla: si hasta la primera Guerra Mundial europea los fallecidos civiles no superaban el 20 por cien de las bajas, con la Segunda Gran Guerra la cifra de víctimas ascendió al 60 por cien y en la Primera del Golfo, alcanza al 80 % de la población. Pero, claro, no son muertos son, como dijo el alto mando estadounidense, sólo daños colaterales…

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