¿Resistirá el PSOE su propia guerra civil?

Jaime Barrientos


Hagamos un poco de historia: el PSOE original, marxista, fue creado por el tipógrafo Pablo Iglesias en 1866, que también inventó UGT, el sindicato que con el correr de los años se convertiría en la correa de transmisión del Partido.

Medio siglo más tarde, En 1920 y 1921 el PSOE sufrió la escisión de dos grupos partidarios de adherirse a la Internacional Comunista convocada por Lenin. Fue, quizá el momento más grave por el que pasó el partido porque poco después un jovencísimo Santiago Carrillo, secretario general de las Juventudes socialistas, se pasó de bando y dejó a los de Iglesias casi sin cantera. Las consecuencias se verían durante la Guerra Civil: un PSOE desarbolado dejó hacer y deshacer a su antojo al partido comunista, que seguía las directrices de Moscú.

El segundo momento difícil se produjo tras la contienda entre españoles, cuando toda la cúpula que pudo escapar de las cárceles franquistas, organizó un partido en el exilio que, con el correr de los años, iría perdiendo la perspectiva de lo que sucedía en España.

Así hasta que en el congreso de Suressnes, en 1974, se alzó con el liderato un abogado andaluz protegido por la socialdemocracia alemana. Felipe González lo negó pero la ingente cantidad de dinero de que dispuso a partir de entonces el partido tuvo mucho que ver con los intereses geoestratégicos de Estados Unidos, que no quería que en la otra punta de Europa hubiera un gobierno comunista, supuestamente a las órdenes de la Unión soviética. Fue poco después cuando Felipe González, ya presidente, negara el pan y la sal a los comunistas: venganza histórica.

En irresistible ascensión, los primeros tiempos fueron un paseo triunfal por una España que quería olvidar 40 años de dictadura. Sin embargo, el síndrome de la Moncloa, ese que hace perder la perspectiva y el sentido de la realidad a los políticos, estaba ya instalado en el palacio presidencial y se olvidaron de escuchar a sus bases y a sus votantes: fueron los años de la guapa gente, de los pelotazos de Solchaga y de Sevilla 92.

¿Volverán los socialistas a tener capacidad de gobierno y de respuesta? Eso espera sobre todo el PP, que desconfía por principio, y por cambio generacional, de unos contrincantes jóvenes a los que no entiende ni comprende…

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