La Gran Revolución  Palestina 1936-1939

Saiid Alami

Se conoce por el nombre de Gran Revolución Palestina, en la bibliografía  y fuentes árabes, a aquella revolución protagonizada por el pueblo palestino entre 1936 y 1939 y cuyo inicio consistió, además de las acciones armadas contra el ocupante británico y las bandas terroristas judías europeas instaladas en Palestina, en una huelga general que se prolongó durante 6 meses, ininterrumpidamente, y que es considerada como la huelga más larga de la historia protagonizada por todo un pueblo en todas sus ciudades y pueblos. Las fuentes británicas e israelíes denominan a esta Revolución, despectivamente, “rebelión” y “revuelta”.

Antecedentes y entorno geopolítico

Aquella gran revolución fue en realidad la cuarta que protagonizaba el pueblo palestino desde que le fue impuesto el mandato británico tras la Primera Guerra Mundial, datándose las anteriores “revoluciones” en 1920, 1929 y 1935, esa última liderada por el jeque sirio Izziddin Al Qassam (1882- 20 noviembre 1935) quien murió en la batalla de Yabad, contra las tropas británicas. Todas esas “revoluciones” tenían por objetivo conservar la identidad árabe de Palestina y evitar la creación en su territorio de una “patria nacional judía” (tal como había prometido el Gobierno británico a la familia judía Rothschild, en la famosa Declaración de Balfour, el 2 de noviembre de 1917), además de expulsar de Palestina al ocupante británico y detener la inmigración europea judía.

Aportada momentáneamente la “revolución” de Al Qassam en 1935 se había extendido en Palestina y en los países árabes limítrofes una nueva concienciación nacionalista árabe, máxime cuando se acercaban las fechas fijadas para que el Reino Unido y Francia otorgaran la independencia a Egipto, Siria y Líbano y cuando tanto los palestinos como los árabes en general empezaban a cerciorarse de las auténticas intenciones y planes que los británicos albergaban para el futuro de Palestina. La alarma se había disparado acerca de esas intenciones a partir de la intensificación de la inmigración judía europea a palestina registrada en 1933. A partir de entonces se empezó a notarse en Palestina el rápido avance del control de la Economía palestina por parte de los inmigrantes euro-judíos y la creciente superficie de terrenos comprados por ellos especialmente en lo referente a los terrenos de titularidad pública que los ingleses vendían a precio de saldo a los judíos.

Inicio de la Revolución armada y de la huelga general

La Revolución se inició con una serie de manifestaciones palestinas celebradas en distintas localidades del país, en abril de 1936, para exigir la detención inmediata de la inmigración judía (61.540 judíos en Palestina en 1935), la prohibición de transferencia de terrenos a los judíos y la formación de un Gobierno con una representación mayoritaria para los palestinos, acorde con la existencia en el país de una mayoría árabe aplastante, tanto musulmana como cristiana.

Con aquellas manifestaciones se daba inicio a la Gran Revolución Palestina que tenía otras causas como las enormes facilidades que los británicos otorgaban a la inmigración euro-judía, la tolerancia de las autoridades británicas ante el visible tráfico de armas que llegaban al país con destino a las bandas terroristas judías, el permiso de las autoridades británicas a los judíos para la formación de grupos y organizaciones sionistas incluso de carácter militar, el deseo de los palestinos de vengar la muerte de Al Qassam y de sus compañeros.

Al tiempo que las manifestaciones recurrían las ciudades palestinas el gran muftí de Palestina, el jeque Amin Al Husayni, formaba el Alto Comité Árabe (ACA), que reunía a representantes de todos los partidos políticos palestinos que habían unificado sus posturas de enfrentamiento a británicos y colonizadores judíos. El ACA hizo un llamamiento al pueblo palestino para una huelga general y unificó todas las formaciones y facciones palestinas, incluidas las secretas, bajo la denominación de “El Ejército del Santo Yihad- ESY” nombrando al legendario Abdelqader Al Huseyni (ingeniero químico, 1907-1948) comandante del mismo. Además de los combatientes palestinos muchos voluntarios procedentes de Jordania (entonces Emirato de Trans-Jordania) Siria, Líbano e Irak se unieron al ESY.

También se unió al ESY otra fuerza de combatientes árabes formada en Irak bajo el mando del militar sirio Fawzi Al Qawukyi (1890-1977) que más tarde, en 1947, jugaría un destacado papel como comandante del Ejército de Salvación, formado por voluntarios de distintos países árabes.

Asociaciones, comités y delegaciones fueron formadas por el ACA en toda Palestina, en los países árabes y en Europa para recabar donaciones e informar sobre la lucha palestina contra la doble colonización británica y euro-judía.

En Abril 1936, dos formaciones armadas iniciaban sus ataques contra los colonizadores británicos y euro-judíos. El ESY de Abdelqader Al Husayni,  y los combatientes de Al Qassam, bajo mando de su nuevo comandante, el jeque Farhan Al Saadi. La llegada de Al Qawukyi, acompañado de 250 voluntarios árabes, se registró el 22 de agosto, convirtiéndose, por decisión del ACA (Amin Al Husayni) en comandante en jefe de todas las fuerzas de la Revolución. Al Qawukyi, militar de larga experiencia, creó un bunker de operaciones, un tribunal revolucionario, servicios secretos y una dirección administrativa.

Cuarteles y comisarías británicas, colonias y asentamientos judíos, colonos judíos, funcionarios británicos, traidores e intermediarios de venta de terrenos palestinos fueron los principales objetivos de los combatientes de las fuerzas revolucionarias palestinas.

Estos ataques, batallas y victorias registradas a lo largo de los primeros 6 meses de la revolución tuvieron un gran eco entre los palestinos y cientos de ellos se enrolaron en las filas de los combatientes. Los palestinos obtuvieron victorias sonantes sobre los británicos y euro-judíos en más de 20 batallas, como las de  Nur Shams (21 junio), Bab Al Wad (27 julio), Safad (9 agosto),  Balaa (10 agosto)  etc. Sus ataques eran frecuentes y tenían lugar en la mayoría de las ciudades, pueblos y aldeas palestinas. La intensidad de las operaciones armadas palestinas era tal que alcanzaban una media de 50 operaciones al día.

Las autoridades británicas respondieron implantando leyes de emergencia e implicando a un gran número de sus efectivos para controlar la Revolución, pero todo fue inútil y tanto la revolución armada como la huelga general continuaban con gran eficacia.

Las fuerzas revolucionarias palestinas llegaron a extender su control sobre la totalidad de las zonas rurales y del campesinado, e incluso pudieron reducir el control de los británicos sobre algunas ciudades.

Aquellos seis meses de revolución armada y de huelga general, la más larga y amplia de la historia, podían haber sido suficientes para que el pueblo palestino obtuviera su independencia, pues ningún otro pueblo árabe vecino de Palestina luchó tanto por la suya y aun así la obtuvieron todos. Pero la gran conspiración sionista-europea para la creación del estado de Israel en Palestina, conspiración apoyada por Estados Unidos y Rusia, impedía que el pueblo palestino cosechara el fruto de su lucha y de sus grandes sacrificios, que siguieron en el tiempo hasta nuestros días. Los propios británicos, en sus documentos desclasificados muchos años después, reconocían la gran eficacia y organización que caracterizaron a aquella Revolución armada palestina.

La huelga general palestina afectaba de lleno a la actividad de todos los sectores económicos y sociales del país, incluida la enseñanza, la sanidad, los transportes, la agricultura, el funcionariado, los comercios en todas sus ramas, además de la desobediencia civil general iniciada el 15 de mayo de 1936 por la que los palestinos dejaron de pagar impuestos. Los palestinos organizaban su vida en entornos familiares y contornos sociales, entre vecinos, de casa en casa, organizándose entre ellos para que todo el mundo tuviera sus necesidades alimenticias, de salud y de enseñanza cubiertas.

Mediación árabe y fin de la primera fase de la Revolución

Gran Bretaña se vio incapaz de controlar aquella Revolución o de poner fin a la huelga, por lo que acudió a los reyes y líderes árabes de entonces pidiéndoles intervenir para convencer al jeque Amin Al Huseyni y demás líderes palestinos para que pongan fin a la huelga.

Efectivamente, los jefes de Estado de Arabia Saudí, Irak, Trans-Jordania y Yemen (todos obedientes a Londres) dirigieron un llamamiento al jeque Al Husayni y al pueblo palestino, para que depongan su actitud y “se mantengan tranquilos para evitar más derramamiento de sangre, confiando en las buenas intenciones de nuestro amigo el Gobierno británico y su declarada intención de implantar la justicia. Confiad en nosotros y en que os vamos a seguir ayudando”.  Amin Al Husayni aceptó en octubre 1936 suspender la huelga y la lucha armada hasta ver en que terminaba la mediación de los líderes árabes mencionados ante el Gobierno británico. La huelga había durado exactamente 187 días.

Revolución en “Stand By”: Octubre 1936- Septiembre 1937 y la Comisión Peel

Finalizada la huelga, Palestina entró en un estado de espera, o “stand by” en forma de tregua provisional, a la espera del resultado de las recomendaciones que iba a anunciar la Comisión Real Británica, que encabezada por Lord Peel fue enviada por Londres a Palestina para realizar una investigación sobre el terreno y estudiar las peticiones del pueblo palestino. Sin embargo, los combatientes mantuvieron a lo largo del año siguiente un estado de tensión intencionada destinada a facilitar el retorno del país al estado revolucionario anterior. Así las operaciones militares siguieron teniendo lugar, esporádicamente. El Gobierno británico reconoció la muerte de 97 personas, entre ellos 9 soldados británicos, y 149 heridos, entre ellos 13 británicos, durante los tres primeros meses del año 1937.

El 7 de julio de 1938 se hizo público el texto del informe de la Comisión Real Peel, según el cual las causas básicas de las rebeliones anteriores y de la revolución de 1936 eran una combinación del deseo de independencia nacional de los palestinos y del “odio y el temor que les inspiraba el establecimiento del hogar nacional judío” en sus tierras.

La Comisión Peel llegó a la conclusión de que la situación en Palestina había llegado a un estancamiento en el que se había vuelto irreconciliable la “doble obligación” británica en Palestina. El Gobierno británico no podía acceder a la reclamación árabe de independencia nacional y al mismo tiempo garantizar el establecimiento del Hogar Nacional Judío en Palestina. Por lo tanto, la Comisión recomendó la partición de Palestina en dos Estados independientes, uno árabe y otro judío, con Jerusalén como enclave bajo mandato de la Sociedad de las Naciones.

Estallido de la segunda fase de la Revolución

Con estas recomendaciones de la Comisión Real Peel, Gran Bretaña se quedaba desenmascarada respecto a sus intenciones en Palestina, lo que provocó una ola popular de honda indignación. El asesinato del gobernador británico del distrito de Galilea, Lewis Andrews, en Nazaret, el 27 de septiembre 1937, a manos de combatientes de Al Qassam, fue el detonante del inicio de la segunda fase de la Gran Revolución Palestina. La muerte de Andrews causó un fuerte impacto en Londres, pues era el primer alto funcionario británico que caía asesinado en Palestina.

Las autoridades británicas en Palestina respondieron tomando medidas contundentes muy duras contra los palestinos  y estaba muy claro que había un acuerdo entre la dirección política en Londres y sus autoridades en Palestina para aplastar cualesquiera disturbios sin piedad, por lo que empezó ordenando, el 1 de octubre 1937, disolver el Alto Comité Árabe, enviando a algunos de sus miembros al exilio en las islas  Seychelles, despojando, además, al jeque Amin Al Husayni de su cargo de presidente del Alto Consejo Islámico y gran muftí de Palestina e iniciando una vasta campaña de detenciones entre los palestinos.

Al contrario de lo que creían los partidarios de la política de “puño de hierro” de que esta política iba a aplastar en la cuna cualquier tentativa de rebelión, el resultado fue el resurgimiento de la revolución, mucho más intensa que antes y cuatro veces más prolongada en el tiempo. Así, Palestina pasó a vivir un ambiente generalizado de revolución desbordante e intensa, que disfrutaba de un incondicional apoyo popular.

En el verano de 1938 la revolución había alcanzado su punto más álgido, sometiendo a su control amplias zonas del país, especialmente en el norte y centro del país, desmoronándose la Administración civil británica en la mayor parte de Palestina, y era fácil en muchos pueblos y ciudades palestinas ver los combatientes desfilar o pasear por las calles con sus armas al hombro, sin ningún temor. La revolución tenía sus propios tribunales y sometía a juicios a espías, traidores y intermediarios de venta de terrenos, y los comandantes de la revolución se convirtieron en auténticos gobernadores de sus respectivas zonas. Abdelqader Al Husayni comandaba la región de Jerusalén.

A finales de 1938 la situación en Palestina era tal, que parecía que no existía otra autoridad que la de la Gran Revolución Palestina, lo que provocó un fuerte revuelo político en Londres, donde la prensa criticaba duramente a las autoridades del Mandato en Palestina, descalificándolas. Así, el imperio británico tuvo que enviar nuevas tropas a Palestina bajo el mando de sus mejores generales de entonces, empezando por el general Dill que fracasó rotundamente, enviando a continuación al general Wavell, que también fracasó y fue sustituido por el general Haining, cosechando este los mismos resultados que los anteriores.

Londres Cambia de postura: Hogar Nacional Judío dentro de un Estado Palestino Independiente. El Libro Blanco.

En el otoño de 1938, la Revolución palestina había alcanzado tal nivel de éxito, cubriendo todo el territorio palestino y llegando a controlar ciudades enteras, que Gran Bretaña se vio obligada a volver a reconocer el Alto Comité Árabe de Amin Al Husayni, revisar su evaluación de la situación en Palestina y dudar seriamente acerca de la viabilidad del proyecto de dividir el país en dos Estados como quedó establecido en el mencionado informe de la Comisión Real de Lord Peel.

Así, el 9 de noviembre de 1938, el Gobierno británico emitía un extenso documento en el que expresaba esas dudas y establecía un nuevo plan para el futuro de Palestina. A ese documento se le conoce por “el Libro Blanco” o White Paper en inglés. Londres entendía en este documento que el Hogar Nacional Judío, del que se habla  en la Declaración de Balfour, de 1917, debía ser levantado dentro del futuro estado de Palestina.

El libro Blanco, que prometía conceder la independencia a Palestina en el plazo de 10 años, o sea en 1949, limitaba también, drásticamente, la inmigración judía a Palestina durante el quinquenio 1940-1944 hasta un total de 75.000 inmigrantes. A partir de 1945 la inmigración judía quedaría a merced de lo que decidiera la mayoría árabe en un Gobierno palestino en el que participarían los judíos acorde con su proporción demográfica. Asimismo, el Libro Blanco limitaba la posibilidad de compra de terrenos por parte de los inmigrantes judíos.

Los palestinos aceptaron a regañadientes este nuevo documento, pues la Revolución había alcanzado tal auge y éxito que nada satisfacía a sus líderes y al pueblo en general salvo la independencia. Los inmigrantes judíos, en cambio,  rechazaron tajantemente el contenido del Libro Blanco porque significaba el fin de sus planes de crear un estado judío en Palestina.

La Conferencia de “la Mesa Redonda” en Londres y los Rothschild

Para formalizar el Libro Blanco, el Gobierno británico invitó al ACA palestino y a representantes de los países árabes independientes, a una conferencia internacional denominada “Conferencia de la Mesa Redonda”, que se celebró en Londres, en febrero de 1939. La conferencia duró dos semanas y finalizó con la aprobación por los representantes palestinos y árabes del Libro Blanco, firmándolo por la parte palestina Jamal Al Huseini y Musa Al Alami, en presencia del primer ministro de Irak, Nuri Al Said.

El 23 de mayo 1939 la Cámara de Los Comunes debatió ampliamente el contenido del Libro Blanco, y al votarlo fue rechazo por 268 votos en contra y 179 a favor. En el curso del debate, el diputado británico, judío y sionista, James Rothschild (donó 6 millones de libras esterlinas para la construcción del Knesset israelí), en una intervención contundente en contra del Libro Blanco dijo: “Para la mayoría de los judíos que fueron a Palestina habría que saber si ha sido cuestión de emigración o de extinción física”. Por todos modos, al día siguiente, 24 de mayo, el Libro Blanco fue aprobado por la Cámara de Los Lores, sin ser votado.

Así, en resumidas cuentas el proyecto euro-sionista de crear un estado judío en Palestina estaba a punto de desmoronarse, pero la formidable presión sobre el Gobierno británico, ejercida por la familia Rothschild, (la familia más rica del mundo, judía y sionista, auténtica fundadora, financiadora  y “propietaria”  del estado de Israel desde principios del siglo pasado), además de otras presiones acuciantes provenientes de Estados Unidos, especialmente de banca judía de Nueva York, obligaron al Gobierno británico a tomar nuevas y más drásticas medidas contra la Gran Revolución Palestina, enviando al territorio palestino, cuya superficie total es tan solo de 28.000 kilómetros cuadrados, a otros 20.000 soldados, aviación, barcos de guerra, tanques, artillería y toda clase de vehículos militares.

Con estas nuevas tropas el número de efectivos británicos en Palestina se elevaba a 50.000 soldados. Con este formidable Ejército, altamente cualificado y armado hasta los dientes con  el armamento más moderno y desarrollado del momento, Gran Bretaña llevó a cabo, literalmente, una segunda ocupación de Palestina, esta vez comandada por el legendario general Montgomery, que tanta fama alcanzaría más tarde en la Segunda Guerra Mundial.

A estas tropas y gran despliegue de armamentos había que añadir 20.000 milicianos judíos pertenecientes principalmente a las organizaciones terroristas Irgún y Haganah, que por entonces centraban sus ataques contra los palestinos, apoyando así a los británicos. El número de combatientes palestinos y árabes en el primer período de la Revolución no pasaba de 3.000 y en el segundo período se calcula que había unos 22.000 combatientes, pobremente armados, y sin recibir apoyo ninguno, ni en armas ni en municiones, por parte de los países árabes limítrofes, todos, excepto Irak, ocupados por Gran Bretaña y Francia.

Así, durante un solo año, de octubre 1938 a octubre de 1939, todo el territorio palestino, con sus 2088 localidades, pueblos, aldeas y ciudades fue ocupado y registrado por las tropas británicas palmo a palmo y casa a casa. Más aun, la mayoría de estas localidades fueron ocupadas y registradas dos veces, con un intervalo de tiempo entre ambas ocupaciones.

Este aplastamiento literal del pueblo palestino, y no sólo de la revolución y de las organizaciones y combatientes revolucionarios, condujo al lento apagamiento de la revolución, a consecuencia de la muerte de muchos de sus líderes y combatientes, y de la retirada del frente de otros muchos, carecientes de armamento adecuado y suficiente e imposibilitados para seguir la lucha contra un ejército tan poderoso. Llegado el final del año 1939, con los británicos ya metidos en la Segunda Guerra Mundial,  la Gran Revolución Palestina se había apagado del todo y la  lucha armada palestina no regresaría con fuerza hasta 1947.

No parece que existan cálculos exactos sobre las pérdidas en vidas de los tres bandos en lucha durante la Gran Revolución Palestina, pues distintas fuentes ofrecen muy distintos recuentos de victimas. Wikipedia ofrece las siguientes cifras: En las filas palestinas hubo 3.832 muertos a manos del Ejército de ocupación británico y otros 1.200 a manos de las bandas terroristas judías (que centraban sus ataques en mercados, estaciones de trenes y demás lugares públicos, atentando siempre contra civiles), 1.4760 heridos y 12.622 hechos prisioneros por los británicos. En las filas euro-judías, 415 muertos y 469 heridos. Por su parte, los británicos sufrieron 262 soldados muertos y otros 550 heridos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Share on Facebook