9 razones para casarte con un marroquí

Detrás de una pareja mixta se esconde una nueva visión del mundo.

Te hartarás de comer.

Los marroquíes, como buenos mediterráneos, lo celebran todo con comida. Para desayunar, pagrer y rgayf; si es la Fiesta del Cordero, asado y pinchitos; si es Ramadán, briwat y dulces con miel; si estás enferma, te hacen harira; si te has recuperado, pollo con aceitunas.

Es díficil resistirse a tan elaborada gastronomía. Prepárate para coger unos kilos, pero que no te importe, porque al marroquí le gustan las mujeres más rellenas que huesudas.
idiomasHablarás español… y un par de idiomas más. El marroquí se ha criado en el colonialismo y el turismo. Él cambia de árabe a español y de español a francés como tú cambias de un pensamiento a otro. Chapurrear un idioma es para los marroquíes como un nivel B1 para nosotros. Aprenden idiomas con suma facilidad porque se han pasado la infancia escuchando otros acentos. Sin escuela de idiomas ni clases particulares. Tienen un padre bereber, un tío en Francia, otro en Alemania y primos dispersos por todo el mundo. ¿Tú sabes inglés? Pues hablar dos idiomas en Marruecos es de tener pocos estudios, así que ya puedes ir espabilando.
Tendrás una gran boda.

La celebres donde la celebres, tu nueva familia marroquí se encargará de amenizar tu boda con canciones y palmadas. Pero, si es en Marruecos, prepárate para la boda más alegre que hayas visto en tu vida. Con trompetas y tambores de fondo, hasta tres vestidos de novia en una sola noche, sentada o subida en un trono que danza al ritmo de la música y con todos los invitados coreando a los novios. Inigualable.
Beberás té a todas horas.

A media mañana o a media tarde, al quedar con los amigos o recibir familia. Te guste o no, el té no puede faltar en una casa marroquí. Siempre acompañado con su hierbabuena, sienta tan bien al estómago que, aunque no seas de las que comen entre horas, no podrás decir que no a su calorcito y dulzor.


Tu marido se pondrá el delantal.

El marroquí tiene mucha imaginación en la cocina y disfruta guisando o decorando la mesa. Él empieza a echar cosas a la olla y, sin saber cómo, aquello tomará un sabor de aquí te espero. No hay duda de que: a buen paladar, buen cocinero. Platito de aceitunas aquí, ensaladita allá. Cuidan mucho los detalles y la presentación. Comer a tu mesa se convertirá en un momento de sumo placer.
Llevarás la economía del hogar.

El marroquí está acostumbrado a que la mujer dirija la casa y controle el dinero, aunque ella no aporte un salario al matrimonio. La mujer compra todo, hasta la ropa del propio marido, que le pide dinero de bolsillo porque puede que él no pise ni el cajero.
Se involucrará mucho en la crianza de los hijos. Los marroquíes valoran a los niños como a un tesoro. Desde el primer día querrán cogerlos, darles el biberón, llevarlos a los columpios y hasta ocuparse de prepararles la comida para asegurarse de que los hacen crecer sanos. Les controlarán los deberes, tendrán conversaciones serias con ellos y les besarán en la calle hasta hartarse y que la gente os mire por ello.
Respetará tu religión.

El marroquí ha convivido con muchas culturas y respeta las costumbres de los extranjeros por principios y educación. Además, si es musulmán, el islam le obliga a cuidar la religión de su esposa y darle el tiempo y recursos necesarios para que ella la practique.
Te rodeará de familia.

La tuya, de cuatro o veinte miembros, o la suya, de unos trescientos. Para el marroquí, la familia es sagrada. El matrimonio es una unidad ante el mundo y el resto de la familia hace piña con ellos. Verás que te tratan como a una de ellos desde el primer día. Por tu casa pasarán sus padres, hermanos, primos y tíos, deseando veros y estar con vosotros.

Fuenta: Una cosa tras otra

Share on Facebook

1 Comentario

Comentarios cerrados.