Bajo la misma nieve

Ante las bajas temperaturas de estos días, las heladas y el frío gozan de protagonismo en los medios de comunicación, ya sean escritos o audiovisuales. Consejos sobre ¿cómo protegernos del frío?, salir lo justo a la calle y estar el máximo tiempo posible ante la calefacción, estos son algunos de esos consejos. Pero verdaderamente ante esta situación, resulta imposible pensar en los refugiados que sufren esta ola de frío tanto como nosotros o incluso más ya que sus condiciones de vida son dramáticas.

Miles de refugiados en los campos griegos sufren estos días la ola de frío invernal, un frio al que hacen frente sin calefacción ni agua caliente.

¿Qué papel juega aquí la Unión Europea? Las ONG han criticado duramente la labor de la UE ante semejante situación. Las ayudas humanitarias no llegan a tiempo, el número de fallecidos cada vez es más elevado.

Si volvemos la mirada atrás, justamente en el año 1939, miles de refugiados españoles fueron recluidos en la desapacible playa de Argelet, al sur de Francia donde permanecieron semanas al aire libre y en tiendas de campaña Una historia que parece haber sido olvidada por el resto del mundo pero encoje el corazón de algunos. Lo que ocurre hoy en los campos de refugiados es algo similar.

Este frío polar ha congelado la esperanza de aquellas personas que creen que la política funciona para afrontar la realidad de evitar situaciones como esta. Sueños rotos e ilusiones inciertas se ven reflejadas en el rostro de los refugiados. Y aquí la clave: ¿Y si fuéramos nosotros los refugiados? Soportaríamos esa guerra, hambre, miedo…

Todo sería diferente si por un momento nos pusiésemos en la piel del otro. Gozamos de lujos que no agradecemos, un hogar, un plato de comida y una manta cada día es el lujo de aquellos refugiados que intentan sobrevivir como pueden sin pensar en un mañana.

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