La crisis del Rif y la estabilidad política en Marruecos

Las protestas en el Rif ya son una cuestión diaria, el lugar es los más irrelevante, tras la persecución y represión por parte de la policía y los militares los rifeños han escogido otras alternativas para las protestas, desde los tejados de sus casas con caceroladas o lugares como las playas. La represión del régimen marroquí que sigue guardando silencio frente a unas protestas que están causando la mayor crisis tras la primavera del 2011. La ciudad de Alhucemas es el símbolo de estas manifestaciones  aunque el apoyo es unánime en todo el Rif, en las periferias de las grandes capitales  de Alhucemas y Nador  como las ciudades de Imzouren o Aaroui  siguen la misma línea y con las mismas exigencias.

varias mujeres protestan en El Rif

Tras la muerte de Mohcine Fikri, un vendedor ambulante de pescado triturado en un camión de basura, la misma noche salieron centenares de personas a las calle de  Alhucemas a exigir responsabilidades, entre ellas la voz más  carismática es de Nasser Zafzafi, han  hecho falta varios meses para que  madure desde esta espontaneidad,   propia de las movilizaciones sociales, un  movimiento estructurado y con una organización propia que es capaz de mover masas y sacar a las calles a miles de personas reivindicando  mejorías en sus vidas. Las protestas piden al gobierno marroquí que asuma la responsabilidad de la pobreza y marginación que sufre el Rif tras la condena y abandono de Hassan II, padre del actual rey,   piden un hospital especializado en oncología para acabar con los desplazamientos a otras ciudades  como Ouajda o Rabat, ambas a más de cinco horas para tratarse del cáncer que es la causa de más del 50% de las muertes en esta región se deben a las bombas  las lanzadas por primera vez durante la guerra del Rif: gas mostaza (iperita), fosgeno, difosgeno y cloropicina. Se exige la construcción de una universidad para dar solución a la alta tasa del paro juvenil que reina en el Rif y obliga a muchos jóvenes a tener que emigrar a Europa para poder mantener a sus familias con las remesas y por último la condena de la corrupción que ha enfermado  las instituciones del reino y causa de la desigualdad que vive el Rif.

 

Hay quienes hablan de un estabilidad política y progreso económico del país, necesitamos matizar ambas afirmaciones para entender las protestas. Tras la muerte de Hassan II y la coronación instantánea del hijo  Mohamed VI se comenzó a hablar de un “período dulce”, un nuevo rey que en 1999  tenía 36 años, formado en el extranjero y con un discurso más flexible que su padre, daba por hecho que se iniciaba un proceso de cambio gradual y que será la transición hacia una democracia real, La realidad es distinta, se desvió la atención hacia el palacio mientras se seguía la práctica  de controlar el ejecutivo desde el trono. El gobierno a petición del rey forma el gabinete y nombra a los ministros excepto cuatro carteras: Interior, Justicia, Asuntos Islámicos y Asuntos Exteriores.   Estos cuatro ministros son nombrados por el Majzen una red de gobierno central compleja que forman la familia real y que rodean el Palacio Real.  En el 29 de Mayo del año 2003 el Rey Mohamed VI hacía la siguiente declaración tras el atentado en Casablanca:

“Ha llegado el momento de la verdad con el que se anuncia el fin de la era de la laxitud para aquellas personas que aprovechan la democracia para minar la autoriad del estado, que extienden ideas que crean un campo fértil para sembrar el ostracismo, el fanatismo y la discordia, y que impiden a las autoridades judiciales responder con firmeza que la ley requiere en su labor por proteger la integridad y la seguridad de las personas y de la propiedad”

La pregunta siguiente sería ¿Existió alguna era de laxitud? ¿Vive Marruecos una era de apertura? Muchos analistas siguen la denominación del periódico francés Le Figaro que en una entrevista a Mohamed VI en el año  2001 autodenominaba a su régimen como “una monarquía democrática ejecutiva” creando así una línea que diferencie bien su reinado de los 38 años del reinado de su padre, los analistas internacionales y los estudios  que se hicieron en estos años contradicen esta afirmación.  El Índice de Pobreza Humana (HPI-1)  registraba a Marruecos en el puesto 126 en la década de los noventa y con una mejora de 3 puestos en el 2005. Aparte de la pobreza se suma un clivaje de identidad que sufre el país. En el año 2001 Mohamed VI prometió prestar más atención a la identidad Amazigh creando el Instituto Real de la Cultura Amazigh y a su vez en enero del 2002 se prohibió una conferencia en Alhucemas organizada por la Asociación de la Defensa de las Víctimas de la Guerra del Rif. Retórica incomprensible cuando se trata de la población rifeña, el monarca había tomado un rumbo en el cuál rompería los tabús incluso de hablar sobre los desaparecidos y los exiliados en los años de Plomo de Hassan II, pues cuando trata del pueblo del Rif se guarda el silencio y se prohíbe sin dar ninguna explicación.

En el año 2004 fue negro para el Rif con el terremoto que costó 600 víctimas mortales y que sacó a la luz todas las carencias que vive la región. Las soluciones fueron caóticas, las viviendas de bajo coste, la corrupción (que incluso llegó a salpicar a la ayuda humanitaria), el caos en la respuesta a fenómenos naturales, la falta de protocolos y seguimientos se hicieron muy visibles y causaron más indignación.

bandera Amazigh

En el año 2011 la primavera árabe también salpicaba a Marruecos, el miedo por parte del régimen a una caída de su organización llevó a la instauración de una nueva constitución para apaciguar las protestas.  Sin embargo, la nueva constitución no es motivo para confirmar que  en Marruecos  ha cambiado todo,  el Majzen militar y el Majzen económico siguen siendo dos  pilares fundamentales en el sistema político marroquí. La aparente estabilidad no es más que una combinación muy ágil  de un pluralismo político que sirve para legitimar una aparente democracia con sus ejes como un parlamento, un poder judicial y un gabinete ministerial que encara el papel de un ejecutivo, junto con un arbitraje real.  Tal es este dualismo que en los últimos años y con las dos crisis: la protagonizada por la imposibilidad de formar gobierno y la del Rif,  se ha mostrado de forma explícita cuál es el papel del Rey, nombrando un presidente de gobierno que no se ha presentado a las elecciones y obligándole a entenderse con una conglomeración de partidos. La clave para poder hablar de estabilidad política en Marruecos no depende del Status Quo construido por Hassan II en los años setenta y que fortaleeción con la alternacia en el gobiernos en los noventa y que su hijo Mohamed VI consiguió mantener hasta el día de hoy, sinoque depende de la justicia social y económica.

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Fath El Hamzaoui
Licenciado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid

Fath El Hamzaoui

Licenciado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid