Las sanciones a Rusia pasan factura a Siemens

El escándalo estalló a principios de este mes. En una documentada investigación, la agencia Reuters denunció que varias turbinas de gas fabricadas en San Petersburgo para Gas Turbine Technologies LLC, una ‘joint venture’ en la que la empresa alemana Siemens tenía un paquete accionarial mayoritario, habían sido transportadas de forma secreta hasta Crimea para ser instaladas en las plantas energéticas que Rusia construye en la península anexionada. El envío de este material contravenía en principio las sanciones impuestas por la UE, que prohíben a las empresas europeas la exportación de este tipo de tecnología en territorio Crimea.

La cuestión no es baladí de cara a la eficacia del castigo impuesto por los Veintidós ocho al Kremlin. Desde su integración en Rusia, Crimea ha sufrido cortes periódicos de electricidad, fuente de energía que hasta el 2014 procedía exclusivamente de Ucrania. Una de las principales promesas de Moscú a crimeano ha consistido garantizarles su seguridad energética sin depender de Kiev y aunque se han aplicado medidas, como la instalación de cables submarinos entre la península y el territorio ruso, este compromiso está, de momento, lejos de materalitzar a: la última interrupción del suministro se produjo el pasado viernes y se prolongó durante varias horas.

Destinadas al sur de Rusia

Las turbinas objeto de la polémica habían sido concebidas para ser instaladas en una planta de la localidad de Taman, en la región de Krasnodar, en el sur del país, muy cerca de Crimea pero en territorio ruso reconocido internacionalmente, por lo que el veto a la importación de tecnología europea no se aplicaba allí. La reacción del gigante alemán de la ingeniería ha sido declararse víctima de un engaño y demandar al tribunal de arbitraje de Moscú su propia subsidiaria rusa y la empresa estatal rusa Technopromexport, a la que la sociedad participada por Siemens vender los generadores, además de reducir sus inversiones en Rusia y prohibir la venta de material para generar energía a empresas estatales rusas.

El Ministerio de Exteriores alemán, por su parte, recordó las promesas realizadas en el pasado por parte de personalidades rusas de “alto nivel”, en una velada referencia al presidente Vladimir Putin, que las turbinas no acabarían en la península anexionada , y advirtió que una “violación de las sanciones podría complicar las relaciones ruso-alemanas”. De hecho, a instancias de Alemania, los Veintidós ocho ya han dado su visto bueno a la propuesta de Berlín de añadir nuevos nombres de personalidades y empresas rusas en la lista negra comunitaria como respuesta al envío “il · legal “de las turbinas en Crimea.

Moscú se defiende asegurando que la maquinaria enviada a Crimea era de fabricación rusa, a pesar de la participación mayoritaria de Siemens en la ‘joint venture’ que la construyó. Además, Technopromexport sostiene que Siemens tuvo la oportunidad de volver a comprar el material, pero que finalmente declinó hacerlo. En la misma línea de defensa que el Gobierno de Moscú, la empresa estatal rusa subrayó que las turbinas habían sido “modernizadas y ajustadas a las especificidades del proyecto” (en Crimea).

En opinión de muchos analistas, el escándalo pone de relieve la dificultad para aplicar las sanciones acordadas en Bruselas. Un portavoz de los Veintidós ocho recordó que la implementación del castigo “depende de los Estados miembros”, y admitió estar debatiendo la cuestión con el Gobierno alemán tras el escándalo en que se ha visto involucrada la empresa Siemens.

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