Rebelarse en Marruecos está en riesgo

Si hay alguna definición frente a aquélla de Mohamed VI de que Marruecos es una monarquía ejecutiva será la siguiente: Marruecos como un Estado unitario y es aquél que concentra todo el poder en su seno, sin reconocer otros núcleos de poder territorial autónomos y hasta cierto punto, independientes de su voluntad. ¿Cómo se legitima? Max Weber diría que monopolizando la violencia. En el caso de Marruecos el estado está tan centralizado en y desde el palacio que elimina cualquier capacidad subestatal con una jerarquía vertical pura con el foco, a veces desviado, pero generalmente en una monarquía con la capacidad última de decisión y que no le tiembla el pulso a la revocación de cualquier delegación y usar los instrumentos de la democracia como el parlamento como simples elementos decorativos que sirven para legitimar más al régimen.

Es incomprensible este tipo de organización o estructura política del país sin la cultura política de su sociedad. En un país con una alta tasa de analfabetismo y con índices de pobreza que ponen en riesgo la integridad del país. En Marruecos es difícil hablar de una cultura política convencional con una mayoría apática, la pregunta sería entonces: ¿qué condiciones son necesarias para abandonar el desapego político en un país cuyas condiciones de participación política están en riesgo? El Makhzen (a partir de aquí el régimen marroquí) ha conseguido acaparar todo el espacio público, incluso dirigir la opinión pública, un régimen incapaz de construir un modelo viable que pueda preocuparse de la cohesión social y política del país ha sabido manejar un discurso radical que patea los valores de los que hace eco con chivos expiatorios, desde Argelia pasando por el Polisario y acabando en el separatismo. Discurso envejecido y que se repite con cada movilización pero capaz de despertar el nacionalismo de los apáticos con la construcción de una historia idealizada y engrosada en la prosperidad, a pesar de la pobreza, sirve de caldo de cultivo para la xenofobia dentro del propio país creando la división del propio pueblo y aplastando cualquier manifestación de la diversidad del paíslo que ha reforzado la identidad Amazigh y sobre todo la propia del Rif con el levantamiento de la bandera de la República del Rif de Abdelkrim El KHattabi.
El apoyo no es como el esperado en el resto del país y surge la pregunta: ¿Por qué una reacción tan light del resto de Marruecos? Quizás es el temor o la falta de comunicación, las protestas en el Rif no se llegan a conocer tanto como debió ser desde el primer día, la chispa fue la detención de Nasser Zafzafi y es cuando comenzaron a visibilizar más la ciudad de Alhucema y establecerla en el mapa, dejando de lado aquéllas protestas con la muerta de Mohcine Fikri que fueron apagándose pocos días después. Y volviendo a la opinión pública y al espacio público para hablar de su publicidad o de la ausencia de ésta podríamos incluso hablar de un desprecio mediático, en algunos casos de la humillación (caso del periódico digital Barlamene). La simbiosis entre los medios y el régimen marroquí ha conseguido crear una tendencia de Estado total, hipernacionalista y que desoye y desprecia al pueblo. Es el Establishment marroquí que sigue vivo por el pasotismo. Y quizás el error del Hirak es la incapacidad de “aprender a rebelarse”, quizás sea necesario pensar a la contra para que sea posible la disidencia.

Share on Facebook
The following two tabs change content below.
Fath El Hamzaoui
Licenciado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid

Fath El Hamzaoui

Licenciado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid

Fath El Hamzaoui
Sobre Fath El Hamzaoui 7 Artículos
Licenciado en ciencias políticas por la Universidad Complutense de Madrid