La crisis política en Cataluña, entre las posiciones pasivas de Marruecos y los requisitos para salir de la agitación política en España

Abdelwahab Tadmouri


 

Recientemente he seguido algunas de las discusiones que están teniendo lugar sobre los eventos violentos, que presagian los profundos cambios políticos de nuestra vecina España. Encontré una división en las actitudes y juicios en la opinión pública nacional, alimentada por discusiones entre algunos intelectuales y políticos marroquíes

Lamentablemente, los debates y las discusiones no han sido lo suficientemente exhaustivos y no han sido capaces de abordar las cuestiones fundamentales planteadas por el referéndum, sobre la independencia en la Comunidad de Cataluña.

Comenzando con los desafíos y las implicaciones impuestas por este tema a la élite política catalana, que presentó y defendió desesperadamente, en primer lugar, independiente de los resultados técnicos representados por el número de votantes con un sí o un no y los que pueden surgir de éste mecanismo democrático a los posibles debates políticos y constitucionales, que pueden ocurrir en toda España.

En segundo lugar, estas discusiones producirán un cambio profundo en la estructura del estado y en la cultura política española que aún sigue influenciada por el franquismo y que ha tenido gran influencia sobre la forma de concebir el poder y de organizarlo en España.

Al mismo tiempo, esto podría suponer el comienzo del fin de dicho pensamiento político franquista que ha tenido el control sobre las principales instancias del estado español y de los círculos de toma de decisiones dentro de los sucesivos gobiernos políticos centrales, incluso después de la constitución de 1978, que estableció la transición democrática en España.

La división, de la que he hablado, con respecto al referéndum en Cataluña, lo que no deja de ser una división superficial y emocional, que alimenta el enfrentamiento entre los que se solidarizan inicialmente con el pueblo catalán, víctima de la interferencia del aparato represivo del estado español, y aquellos que se solidarizan y emocionalmente y ven en la experiencia catalana un ejemplo de lo que está pasando en su país natal, es decir, ese ataque a su dignidad y desprecio por su cultura y su memoria local, por parte del gobierno o el estado central opresor que criminaliza el llamado derecho de autodeterminación de los pueblos.

Es una solidaridad que parece no haber sido formada por la lectura objetiva de los hechos, tanto puede ser vista como una posición dictada y alimentada, en gran medida, por ellos. Ese sentido de injusticia, como resultado de la tiranía del Estado marroquí y su supresión en todas las formas de expresión y protesta. Esta simpatía y solidaridad también se encuentran en su actitud frente a la posición oficial, la cual rechaza el referéndum y apoya al gobierno español, un comportamiento expresado por el estado marroquí.

Pues supo dirigirlo y exponerlo a los lectores y a la opinión pública nacional, aquellas plumas que poseen todas las posibilidades para facilitar su misión, a pesar del resentimiento expresado contra el vecino español, que asume un puesto de apoyo en las provincias saharauis.

Son las mismas plumas que adoptaron la posición del estado sobre el movimiento y sus activistas. Estas plumas se esforzaron arduamente para transformarlo en un demonio, después de disfrazarlo con una conspiración externa, con la autarquía y con la conjura contra la unidad nacional.

Lo que hizo que el puesto de solidaridad se ubicara en una posición de conflicto con la posición oficial que estaba por debajo del nivel de lectura solícita de los eventos. Lo cual, por desgracia, se insinuó en los asuntos internos de otra nación. A pesar del apoyo oficial de esta posición y un intento desesperado de restablecer su solidaridad y estatura, mientras Marruecos está presenciando un movimiento popular pacífico por la libertad, la justicia social y la democracia, que se ha enfrentado a todas las formas represivas y los juicios simulados para cientos de activistas del Rif y de todo el país. Sin embargo, a menos que la mente oficial marroquí sepa que el Estado español trabajará para resolver sus problemas políticos a través del diálogo democrático y el uso del lenguaje de la razón, porque todos saben que no le interesa a ningún partido volver a la dictadura pasada y es inevitable reformular el concepto de unidad nacional, de manera compatible intelectual, cultural y legalmente con la unidad coercitiva, heredada de la era franquista y estableciendo valores alternativos basados en la unidad voluntaria de todos los pueblos de España.

La posición marroquí es, por lo tanto, una oposición oficial al referéndum y el apoyo al gobierno central español; es una posición libre que no afecta el curso de los acontecimientos en España, una posición que refleja la dependencia ciega del estado que nos ha colonizado anteriormente y sigue aún. Hostil, por otra parte, fuertemente a un pueblo que jugará un papel clave en la futura toma de decisiones políticas.

Si estas posiciones divergentes, entre la solidaridad absoluta o discreta, se enfrentan con aquello que preocupa a los catalanes, es decir, la confiscación de su derecho a la autodeterminación, son posiciones que no han tocado aún el fondo de las ambigüedades planteadas por este proceso, y que técnicamente se pueden considerar un mecanismo democrático y el derecho del pueblo catalán.

Entonces, ¿cuáles son los desafíos que obstaculizan el disfrute de este derecho y qué impacto tendrá sobre las élites catalanes y el futuro de España en general?

La respuesta a esta pregunta lleva al desarrollo de otras preguntas que se pueden resumir de la siguiente manera:

  1. ¿Estaban las elites políticas catalanas realmente seguras de llevar a cabo este sueño de independizarse de España, a pesar de que la capital económica y financiera de Cataluña es el principal beneficiario de la España unida y que efectivamente trabajó para lograrlo?

¿Acaso estas elites no se dieron cuenta de las dificultades que hacen imposible realizar este sueño, sabiendo que el Estado y el gobierno central español pueden usar un arsenal legal, constitucional y militar para contrarrestar la política de facto que estas elites quieren tenerla frente a ellos?

¿Acaso no evocaron estas élites, de antemano, lo que podría resultar de las posiciones que rechazan esta acción, por parte del estado español, primeramente y por parte de los países de la Unión Europea, en segundo lugar, de los cuales España es uno de sus miembros y el mandato de los países de la Unión autorizó al gobierno central, considerando la situación como un problema interno y político de España?

¿Esto no fue declarado, más tarde, por la posición de la Unión Europea, en relación con los eventos políticos de este país, debido al referéndum del territorio de Cataluña?

Pero si estas élites ya han creído que pueden lograr este objetivo, mediante un referéndum, frente a todas estas preguntas que hemos planteado y las que deberían ser planteadas por cualquier político, estoy seguro de que fueron víctimas de la sobrecarga emocional, la que los alejó de los requisitos del análisis político científico, ya sea en Cataluña o en España.

Esta se convirtió en víctima de la máquina de propaganda que dominaba, para crear un consenso sobre el referéndum y despertar el sentimiento nacional del pueblo catalán. Si suponemos que fue, realmente, una víctima.

  1. Si estas élites son conscientes de la imposibilidad de alcanzar este objetivo, y sin embargo, siguen movilizando el sentimiento nacional de la mayoría del pueblo catalán, para alcanzar un objetivo, son plenamente consciente de que dicha finalidad no puede lograrse mediante mecanismos democráticos pacíficos.

Lo único que quieren es que el referéndum sobre la independencia sea un documento de presión sobre el estado español y el gobierno central, con el fin de obtener la mayor cantidad posible de ganancias, a favor del autogobierno y del pueblo catalán.

Pero a nivel de los poderes políticos, legales o a nivel financiero que transformó lo que se decretó desde la independencia en una mera táctica de preparación, lo que esta táctica requiere es la voluntad de estas elites para entablar negociaciones con el gobierno central.

Y por qué no abrir discusiones públicas entre partidos políticos y sociedad civil sobre la revisión de la Constitución de 1978, que es una constitución transitoria de la dictadura franquista, fundada por el hierro y el fuego, sobre el concepto de una nación única para el estado multi-democrático, es decir, la transición del estado español de estado simple, donde el número de partidos autónomos no supera los dedos de las manos. Esto, a pesar de que el número de organismos en España es de diecisiete.

La mayor parte todavía está enmarcada dentro del concepto de regionalismo administrativo totalmente sujeto al gobierno central del estado federal, que requiere una revisión radical de la constitución de 1978, en el marco de nuevos contratos políticos y comunitarios, que requiere esta transición para reconsiderar la división regional actual y reducir el número de organismos y trabajar en la rehabilitación, de acuerdo con un calendario específico impuesto a la comunidad.

Pero si el referéndum para estas elites pretende presionar al gobierno central para abrir la puerta a la negociación, que siempre ha exigido sin oídos de los círculos de decisión en el estado español, que parece haber estado y sigue bajo el control del lobby conservador, que data de la época de la dictadura.

Entonces, ¿por qué estas élites desde el principio no explicaron en detalle a los catalanes sobre sus objetivos del proceso del referéndum? Y por qué todo esta sobrecarga emocional y el estímulo del sentimiento nacional, p ara alcanzar un objetivo imposible, que ya está ausente de la agenda de la élite política e intelectual catalana?

¿No se puede considerar esa forma de gestionar el conflicto con el gobierno central, para obtener más derechos y ganancias a quien le pertenece, y tiene la obligación de decir la verdad a los catalanes, para que no cayeran en la trampa del ocultamiento deliberado de la verdad, de sus intenciones declaradas del referéndum y no persistir en su política? ¿Cuándo era consciente de la imposibilidad de alcanzar este objetivo, además de lo que podría provocar graves divisiones entre la familia en el territorio de Cataluña, asimismo de su impacto en el capital catalán, siendo el primer beneficiario de las transacciones económicas del gobierno central español?

¿No se puede tener en cuenta que esta metodología represente un gran riesgo para el proceso democrático, que se basa en la transparencia y la confianza, entre el político y sus reglas electorales. ? Tal comportamiento no puede conducir a una pérdida de confianza en la acción política del pueblo catalán, que se ha convertido en una doble víctima de sus rivales políticos y de las fuerzas represivas del gobierno central español, que no necesitaban un uso excesivo de la fuerza para alimentar aún más el odio. Y odio por otro lado?

Yo diría que el referéndum y el sentimiento nacional que lo acompaña tendrán su efecto en el nivel del estado español, en su conjunto, o en el nivel de Cataluña, que encontrará sus propios elites prisioneros de lemas de secesión promovidos y convencidos por el pueblo catalán, y qué exige la realidad con todos sus desafíos, ya sea a nivel local o en toda España o en el ámbito europeo, lo que hace de las negociaciones el marco adecuado para obtener más logros en el marco de la unidad nacional que garantiza el pluralismo. En ambos casos, esta situación provocará una fuerte división en el tejido social catalán y surgirá una nueva escena política y partidista.

La acción política pierde gran parte de su credibilidad, porque la corrupción del proceso político comienza cuando el político oculta la realidad de sus intenciones y renuncia a sus obligaciones con las personas o sus electores.

Abdelwahab Tadmouri es El Coordinador General del Foro para los Derechos Humanos en el Norte de Marruecos

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