De Guindos es elegido nuevo vicepresidente del BCE

Luis de Guindos será el nuevo vicepresidente del Banco Central Europeo. El Eurogrupo, la reunión de ministros de Finanzas de la zona euro, apoyó ayer a su candidatura, que será ratificada por los líderes europeos el 23 de marzo. Guindos no se incorporará a Frankfurt hasta el día 1 de junio, pero el ministro español ya ha decidido abandonar el gobierno de Mariano Rajoy. “Dimitir en los próximos días”, adelantó ayer.

Rajoy ha conseguido finalmente colocar un español a la vicepresidencia del BCE. Era su obsesión desde que España perdió la silla hace cinco años en el máximo órgano de dirección del BCE. Pero la jugada tiene otra cara de la moneda más delicada: la crisis de gobierno que el presidente español se ve obligado a afrontar. El líder del PP pierde uno de los puntales de su ejecutivo en un momento económicamente más tranquilo que cuando Guindos fue nombrado, en 2011, pero políticamente también bastante convulso. El ministro, sin carnet de partido pero muy próximo al PP, ha formado parte del ejecutivo de Rajoy desde el principio y ha sobrevivido a todos los cambios. Guindos ha estado al lado del presidente en los peores momentos de la crisis financiera, incluido el rescate bancario.

El titular de Economía participa hoy en su última reunión de los ministros de Finanzas de la UE. Aunque la idea era seguir como ministro hasta la ratificación a finales de marzo del cargo de vicepresidente del BCE por parte de los líderes europeos, ayer finalmente anunció que no seguirá más tiempo. De hecho, el nombramiento de un ministro en activo como miembro del comité de gobernadores del BCE es inédito. Pasar directamente de un gobierno europeo a un organismo monetario que siempre presume de independencia política no está bien visto. Especialmente dentro del BCE.

Por este motivo, para no hacer más evidente este salto e intentar capear las críticas, Guindos renunciará al cargo en cuestión de días. Ayer explicó que todavía tenía que hablar con Rajoy para concretar cuando presentaría la dimisión. Aunque los miedos, el vicepresidente virtual del BCE dijo que su nombramiento no compromete la independencia del organismo monetario. “Está garantizada”, aseguró.

Ayer debía ser un día de nervios para Guindos. Había que enfrentarse a una votación para conseguir ser vicepresidente del BCE, pero la renuncia en el último momento de su único rival, el gobernador del Banco de Irlanda, Philip Lane, le dejó vía libre. Lane tenía mejor perfil y currículum que Guindos -el Parlamento Europeo reconoció que Lane era mejor candidato-, pero el español tenía más apoyos políticos, lo que, al final, es lo que cuenta en la UE.

La estrategia de Irlanda era clara. Sabía que no tenía nada que hacer ante Guindos, pero presentando su candidato cogía posiciones para otro premio en un futuro no muy lejano. Lo más probable es que el resto de socios tengan en cuenta Lane para los futuros altos cargos del BCE que se deben renovar en los próximos años, sobre todo porque Irlanda nunca ha tenido un lugar en el comité ejecutivo.

Grandes países como Alemania e incluso Holanda habrían votado a favor de Luis de Guindos -algunas voces apuntaban a un acuerdo con Berlín para que España apoye el candidato alemán cuando se tenga que sustituir al presidente, Mario Draghi-, aunque también había dudas sobre si Italia, con quien Madrid vivió ciertas tensiones políticas por el apoyo de España a Amsterdam y no en Milán como sede de la Agencia Europea de Medicamentos, habría apoyado Luis de Guindos.

El español aún deberá comparecer la próxima semana ante el Parlamento Europeo, para que la institución debe dar su opinión -no vinculante- sobre la candidatura de Guindos. No será una sesión amable, dado que la Eurocámara prefería un candidato menos político y quería que fuera una mujer. Aunque Guindos tiene el cargo garantizado, ayer Rajoy dijo que su dimisión del gobierno español se produciría cuando haya pasado los trámites pendientes y que su sustituto se decidirá “más adelante”.

Guindos, que había optado a la presidencia del Eurogrupo sin éxito, cobrará un salario desorbitado que casi multiplica por cinco su sueldo de ministro. Tendrá un sueldo base bruto de 334.000 euros anuales como vicepresidente del BCE. Al salario base hay que añadir complementos para representación y de residencia. También de educación e hijos en caso de que se traslade a Alemania con su familia.

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